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Shock cultural en India; Mi primer día en India

Estaba muy emocionada cuando tomé ese avión que me llevaría a la tierra del Taj Mahal, sabía que sería muy diferente pero lo que vi cuando salí del aeropuerto fue algo más que diferente. Sentí que me encontraba en Zombieland.

Autora:Daniela Flores Eboli
Blog personal: http://elkayelba.wordpress.com/

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Estaba muy emocionada cuando tomé ese avión que me llevaría a la tierra del Taj Mahal, sabía que sería muy diferente pero lo que vi cuando salí del aeropuerto fue algo más que diferente. Sentí que me encontraba en Zombieland.

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Llegamos a India en la madrugada, cuando íbamos en la van del aeropuerto al hostal y mis primeras impresiones durante ese trayecto fue caos. La manera en la que manejan en India es ¡completamente demente! e impresionante si te pones a pensar, íbamos rápido y pasábamos a los carros, nos metíamos entre unos y otros y yo trataba de ver lo que había detrás de las ventanas en movimiento. La camioneta empezó a bajar la velocidad en la calle del hostal. Como era de madrugada TODO estaba cerrado y la vista era todo lo que no quieres ver durante tus primeras horas en un nuevo país. Pilas de basura en medio de la calle, polvo, y vacas junto a los desperdicios. Había neblina, lo cual lo hacía ver aún más apocalíptico… sentía que estaba en un set de alguna película y que de repente un zombie aparecería junto a mi ventana. La camioneta se detuvo y vi a unos pasos un hotel que no se veía mal y me relajé un poco. Sacamos las maletas y fuimos hacia allí, cuando el chofer nos dijo que ahí no era. Nos señaló un callejón oscuro y mis ojos se abrieron más de lo normal. Caminamos y se veían goteras y al fondo un letrero que decía “sweet dreams”. “Sweet dreams my ass” pensé.

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Llegamos y una bola de prejuicios saltó a mí, creí que esos hombres que nos atendieron esa noche nos robarían (Malamente y me arrepiento de haber pensado así)… Nos llevaron a un cuarto grande, y nos dieron un candado. Así cerraríamos la puerta. El cuarto tenía cuatro camas y dos baños, uno de ellos no servía y el otro estaba lleno de moho en las paredes. Las sábanas estaban percudidas y con manchas. Tan mugrientas que piensas que la última vez que las lavaron apropiadamente fue nunca. Esa noche dormí toda tapada, me puse calcetas, mi chamarra, el gorrito de mi chamarra y puse una falda como sábana. Realmente estaba sucio. Mi primo había llevado una colcha de ositos que me la pasé burlándome de él por haberla traído. Resultó que en India la colcha de ositos fue lo que más usó y lo que yo más deseaba. En fin… al día siguiente nos levantamos y nos bañamos -con cuidado de no tocar la pared mohosa- y el agua salía helada, (Eso fue nuestra culpa porque no nos dimos cuenta -hasta el final- que había un botón para que saliera caliente). Dejamos las maletas en la bodega y nos dispusimos a conocer Delhi (esa noche tomaríamos un camión al norte de India, regresaríamos a Delhi después). Salimos al callejón y ya había movimiento, pero aún así estaba asustada. De nuevo, mi mente y los prejuicios.

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Mi hermana nos invitó un Chai que vendían en la calle. Después de tomarlo nos dimos cuenta que justo junto al señor que vendía los chai había un baño público (Los baños públicos -para los hombres- son mingitorios de piedra que están al aire libre) y el señor que nos dio los Chai había acabado de usarlo. Luego un niño nos empezó a sacar plática y resultó que sabía español, eso sólo nos espantó más. La mayoría sólo se te acerca para tratar de convencerte de que vayas a algún lugar y compres algo. Luego mientras seguíamos caminando otro hombre se nos acercó y nos empezó a seguir. Mis primos y yo estábamos asustados. Mi hermana vivía en India desde hacía cuatro meses así que ya sabía como era todo y no le tomó importancia. Sólo nos dijo que lo evitáramos. Así que a menos de 24 horas de estar ahí nuestra impresión no era buena y cada cosa que aparecía sólo nos sorprendía y asustaba más… pero sólo era el shock cultural. Al final te vas adaptando y te mezclas con todo.

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Ese mismo día, por la noche, regresamos al hostal por las maletas y ahí India me empezó a hablar con más delicadeza. Un señor con una niña hermosa me dijo si le podía tomar una foto. Él quería que yo me tomara una foto con su hija. La niña me tenía miedo.

Creo que ahí fue cuando me comencé a relajarme más y apreciar el lugar en dónde estaba parada.

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