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Llegando al Museo Lamborghini

Recién iniciaba el verano 2012, pero Italia me recibía con temperaturas de 30°c a las 8 de la mañana. En este viaje visité algunas ciudades, Roma, Pisa, Florencia, Milán, Bolonia y Venecia, sin duda lugares hermosos; pero para esta pequeña crónica me enfocaré en Bolonia.

Julie Muñoz

Tlaxcala, México

Recién iniciaba el verano 2012, pero Italia me recibía con temperaturas de 30°c a las 8 de la mañana.

En este viaje visité algunas ciudades, Roma, Pisa, Florencia, Milán, Bolonia y Venecia, sin duda lugares hermosos; pero para esta pequeña crónica me enfocaré en Bolonia.

Desde Madrid, ciudad en la que residí un tiempo, revisé los itinerarios de los trenes, armé mi recorrido e intenté comprar en línea los respectivos boletos, pero no pude hacerlo; así que llegando a Roma, en Roma Termini adquirí todos los boletos que necesitaba, así tendría que atenerme al trayecto que previamente me había planteado.

Pues bien, todo marchaba de manera adecuada, pero al llegar a Bolonia, fue todo un martirio llegar al sitio por el cual decidí incluir dicha ciudad en el viaje. Debido a que adopté el deseo de algunos amigos, el objetivo era visitar el Museo Lamborghini (me hubiese gustado pisar también el Ferrari, pero no fue así).

En la red busqué información acerca del autobús que me dejara lo más cerca posible del museo, chequé en qué calles hacían parada, así según yo, iría y regresaría a la segura, consideré los tiempos y todo cuadraba perfecto… pero algo estuvo mal calculado.

Llegué a la estación de Bologna Centrale y caminé como lo indicaban mis notas, llegué a la parada del autobús que había contemplado, revisé las rutas que estaban colocadas en el paradero y me di cuenta de que el autobús que yo estaba esperando no paraba en ese lugar. Así que le pregunté a cuanta gente andaba por ahí al igual que en los negocios, pero nadie lograba darme razón de dónde debería tomar el autobús, hasta que en la recepción del MAMbo Museo D’Arte Moderna di Bologna me indicaron que tenía que regresar a Bologna Centrale y dirigirme a Autostazione di Bologna… caminé aproximadamente 10 cuadras de ida y 12 de vuelta bajo el intenso sol, pero finalmente llegué a la estación de autobuses de donde sale el inmaculado autobús que me dejaría a unos metros del museo.

Empezaba a preocuparme por el tiempo que había perdido, aún más porque al llegar a la estación de autobuses logré ver cómo el mío se alejaba, así que tuve que esperar una hora más para que saliera el próximo. Una vez ya en el autobús, yo iba muy pendiente para identificar el paradero en el que tenía que bajarme, aunque también le comenté al operador que iba al museo Lamborghini, y que por favor me dejara en la parada más cercana.

Después de un rato, el operador iba entretenido platicando con otro pasajero, así que se olvidó de mi petición, y yo simplemente no reconocí el paradero y de repente sencillamente no conocí el paisaje (me basaba en lo que había visto en la aplicación de mapas y de imágenes a pie de calle de un famoso buscador). Me acerqué al operador y le recordé mi encargo, él respondió que ya nos habíamos alejado mucho, y sin más, empezó a regañarme con un fluido y veloz italiano del cual no entendí una sola palabra, y entonces me dijo que me bajara ahí mismo y que esperara el autobús de vuelta. Me bajé, y el nerviosismo aumentaba cada segundo, ya que era muy probable que cuando llegara al museo, éste ya estuviese cerrado, por lo tanto yo me quedaría sin entrar, puesto que sólo tenía esa tarde para cumplir con ese cometido.

Intenté conseguir un taxi, pero no lo logré; de repente a lo lejos vi como se acercaba el mismo autobús, se detuvo frente a mí y el operador con cara de pocos amigos me dijo que me subiera, yo accedí de inmediato… el señor continúo molesto durante el trayecto de vuelta, pero finalmente me dejó en el sitio que habíamos acordado inicialmente. El sol me parecía insoportable, pero caminé lo más rápido que pude, y a duras penas llegué al museo cuando aún permanecía abierto; había poca gente y la recepción estaba sola, permanecí ahí unos minutos esperando que alguien se acercara a cobrarme la entrada, pero nadie lo hizo. Recorrí el museo sin pagar un céntimo.

Al salir del museo (estuve ahí hasta que cerraron) regresé a Bolonia a descansar un poco después del día que había tenido. Al día siguiente continué con el plan de viaje.

Para quien decida visitar el Museo Lamborghini…De la estación Bologna Centrale sólo hay que cruzar la calle y caminar 2 cuadras hacia la izquierda, así se llega a Stazione Autolinee/Autostazione di Bologna. El autobús que hay que tomar es el 576, disfrutar el paisaje durante unos 50 minutos, y bajarse justo cuando éste se desvía hacia la derecha, con dirección a Sant’ Agata/Crevalcore, ahora sí, caminar un poco más y toparse con la casa Lamborghini. De la misma manera, para el regreso, el autobús debe ser abordado en la misma parada en la que te bajaste al llegar, claro, en dirección contraria.

Espero que esta información pueda ser de ayuda (aunque sea mínimamente), o por lo menos, ojalá se hayan divertido leyéndome.

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alanxelmundo

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