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Febrero en Reykjavik

La música siempre ha sido un motor muy grande en mi vida, y aunque no sé tocar ni un solo instrumento, éste ha sido un factor constante que me motiva día con día, ya sea en mi trabajo, o al querer aprender un idioma, o como en esta ocasión, realizar un viaje, mi primer gran viaje.

Autor: Caleb Castillo

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La música siempre ha sido un motor muy grande en mi vida, y aunque no sé tocar ni un solo instrumento, éste ha sido un factor constante que me motiva día con día, ya sea en mi trabajo, o al querer aprender un idioma, o como en esta ocasión, realizar un viaje, mi primer gran viaje.

Escuchar durante los últimos años la música de Sigur Rós y el estar un poco harto del calor y el caos de la Ciudad de México, me llevó a querer explorar un país más tranquilo y frío.  Islandia me resultó fascinante y aunque en un principio parecía un lugar muy caro y difícil de llegar desde México,  Alan x el mundo y un amigo de Brasil me enseñaron que era todo lo contrario y que visitar esas maravillas naturales era sólo cuestión de ser constante y fijar mi objetivo. Es así como me aventuré, junto con una vieja amiga, a conocer Islandia.

 Al llegar, la isla nos recibió con una muy fuerte tormenta de nieve que hasta movía el camión que habíamos pedido para llevarnos al Blue Lagoon.   He de decir que el Blue Lagoon no parecía la mejor opción cuando te está cayendo una tormenta de nieve que te cachetea en la cara, pero ya que estábamos ahí, no podíamos dejar pasar la oportunidad y vivir la experiencia, lo cual resultó fascinante e insuperable en todos los sentidos.  Fue una buena bienvenida para acostumbrarnos al frío invierno.

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Al llegar a Reykjavik, vimos sólo gente con sonrisas y amabilidad en todo momento y con la curiosidad de que las casas seguían adornadas de navidad en pleno Febrero. De verdad aman la temporada! Durante los siguientes días, en los tours programados, vimos el imperdible círculo dorado, cascadas gigantes como Gullfoss, caminamos en glaciares, el parque nacional de Þingvellir, cráteres, el lago Myvatn, montañas volcánicas a la mitad de la noche… y todo esto sin mencionar los increíbles amaneceres que veíamos en el camino.

Uno de los motivos por los cuales quise viajar en Febrero, además de que los precios son mucho más bajos y que es buena temporada para ver la aurora boreal,  era por mi cumpleaños, por lo que ese día todo se tornó aún mejor, pues visitamos un lugar que yo tenía muchas ganas de conocer: Reynishverfi.  Una playa de arena negra (o más bien piedrecillas volcánicas) que de sólo ver, te quita el aliento. Una montaña enorme con una cueva y unas formaciones volcánicas de la montaña en forma rectangular increíbles, además de dos piedras gigantes que están formadas al lado en el mar.  El choque de las olas, el viento con el que era difícil mantenerse en pie y la fauna arriba de la montaña con las aves volando libres, además de los rayos del sol,  formaban un paraíso insuperable que me hizo sentir más vivo que nunca y será una experiencia que jamás podré olvidar.

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Posteriormente nos dirigimos al pueblo de Vík y ahí vimos el museo de Skógar. Un lugar fantástico con toda la historia de los Islandeses y con piezas únicas que describen la forma en la que vivían en el campo después de la era vikinga.   Es ahí donde un señor ya de edad, muy peculiar, comenzó a amenizar con un instrumento antiguo y con cantos islandeses.  Al final, el mismo se me acercó para decirme que yo tenía pinta de escandinavo y que seguramente mis antepasados venían de allá.   Su comentario me hizo el día y al ser mi cumpleaños fue mucho más especial, pues cada vez me sentía más identificado con esas tierras.

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En los siguientes días,  vinieron eventos geniales que complementaron el viaje! Dos conciertos de dos artistas que en gran parte influenciaron mi planeación e investigación para el viaje.  Conocer a Sóley y escucharla tocar en vivo fue algo fantástico. Y la noche siguiente, la banda Útidúr que por alguna razón siempre me causa algo de nostalgia escuchar.

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Para ver la Aurora Boreal volamos hacia Akureyri (tal cual lo habíamos planeado) ya que el clima de Reykjavik era muy nublado. Nos trasladamos para allá en avión desde el aeropuerto doméstico, pues curiosamente el camión resultaba más caro que el vuelo.  Así, Akureyri, aunque pequeño, resultó encantador y con una magia especial.  El frío obviamente era más intenso pero a su vez esto ayudó a que finalmente viéramos la Aurora Boreal, un espectáculo imperdible que te maravilla al momento en que las ves bailar.  Es como si vieras un arcoíris pero en la noche, una luz que sale de una montaña a otra.   Y aunque depende de muchos factores para que el ojo humano las pueda ver como se ve en las fotografías,  considero que esa noche tuvimos mucha suerte pues finalmente podíamos ver esa luz con tonos verdes que empezaba a bailar y a moverse impresionantemente sobre el cielo tupido de estrellas, acompañadas de júpiter, la estrella más grande.

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En general, conocer Islandia superó todas mis expectativas y eso que eran muy, pero muy altas.  Mi viaje terminó, no sin antes llenarme de nueva música que influirá en mi regreso y en los recuerdos de un gran viaje!   Ya que curiosamente, una de las principales atracciones de la isla es precisamente su música, la cual encuentras por todos lados (hasta en vinyl), incluyendo en el aeropuerto! Cosa difícil de ver en otras ciudades.

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