Colaboraciones

Xalapa en un día: ríos salvajes y travesías de café

Nací en Xalapa, Veracruz, un estado hermoso incrustado en la barriga del golfo de México. Viví allí 16 años de corrido hasta que empezó mi amor por los viajes y a la primera oportunidad que tuve me fui. Casi dos décadas después procuro visitar Xalapa unas tres veces al año y siempre me guiña el ojo y me sorprende.

El lunes muy temprano, mi primo Arturo (@imjustafox) y yo manejamos hasta el municipio de Jalcomulco, Veracruz a unos 20 minutos del centro de Xalapa. Los recuerdos de mi infancia son inevitables, con mi hermano y mis papás yendo en busca de langostinos al mojo de ajo al restaurante “Nachita”, mientras escuchábamos “Burbujas de amor” de Juan Luis Guerra en la casetera del auto.

Pasamos el “retén revolucionario” -hace años quisieron construir una presa hidroeléctrica en esta zona que afectaría el ecoturismo local, pero gracias a las manifestaciones y a la lucha del pueblo se logró detener el proyecto. Los pobladores siguen aquí, pidiendo una cooperación para no perder la memoria.

Así, entre los cantos hermosos de las oropéndolas, el olor a fruta fermentada de limón y caña, y el piso forrado de miles de mangos llegamos a las instalaciones de México Verde, un resort de aventura con hospedaje estilo safari inglés -algo muy cercano al glamping que está tan de moda- y rodeado de abundante naturaleza y clima tropicales.

El plan era descender los rápidos del Río pescados, así que después de una explicación sobre la actividad y sus medidas de seguridad, abordamos 2 balsas en grupos de 6 personas.

“Al remo, recuérdenlo bien, lo llamamos ‘fifty dollars’, porque si lo pierden lo tienen que pagar y eso cuesta jajaja; y a la cuerda de seguridad, le pusimos el ‘ay wey’ porque es lo que normalmente la gente grita cuando se ve obligada a utilizarla”.

El río no estaba ni muy bajo, ni muy alto -el nivel depende de la época del año y de la cantidad de lluvias. Fueron dos horas, deslizándonos por las fuertes corrientes de sus rápidos, esquivando piedras y remando con todas nuestras fuerzas bajo el hábil capitanazgo de Manuel, mi tocayo.

“Adelante, remen, remen, remen; alto. A ver vengan todos para atrás, a este le llamamos el caballito, el que se caiga paga las chelas jajaja”. Fue imposible no recordar el Cajón del Maipo, y la vez que casi nos quedamos sin Alanxelmundo en Chile jajaja: https://youtu.be/J12d_s5obS4

Pasamos también por una zona de aguas calmas donde puedes saltar de la balsa y nadar un poco; bajarse es muy sencillo, pero para volver a subir, necesitas que alguno de tus compañeros te jale del chaleco a la altura de los hombros.

El paisaje durante todo el recorrido es excepcional con su verde predominante; y también hay algunos pescadores que te saludan desde la orilla con sus redes y canastas para capturar la comida del día.

Después del rafting, comimos algo en el campamento de México Verde, y nuevamente manejamos unos minutos hasta el Museo Bola de Oro, en la “Roma veracruzana”. El lugar tiene ese nombre, porque fue justamente una familia italiana la que introdujera la siembra, la cosecha y la comercialización del café en este lugar hace más de 100 años.

Entramos al casco de la antigua hacienda, atravesamos las vías del tren interoceánico -aún en funcionamiento- y caminamos por su finca de café, resguardada por la sombra de una higuera majestuosa.

Su museo del café además me parece uno de los mejores de su tipo que he visitado. Tiene mucha información histórica, maquinaria original del siglo XIX y -mi parte favorita- una degustación maravillosa con un barista profesional. Aprendimos el proceso de tostado, las fragancias y los aromas, y  sus múltiples sabores -ese café preparado con Sifón japonés fue un deleite para el alma.

El museo en esencia tiene la finalidad de que los visitantes conozcan toda la labor detrás de un buen café veracruzano, desde la finca hasta la taza.

De regreso al centro de Xalapa, un tradicional “chipi chipi” se convirtió en una lluvia torrencial que nos invitó amablemente a refugiarnos en Flavia, un oasis de concreto en el empedrado Luis J. Jiménez en el centro de la ciudad.

Flavia es un espacio que combina exposiciones de arte contemporáneo (nacional e internacional), educación continua, asesoría de proyectos, revisión de portafolios arquitectónicos, oportunidad de networking, y desde luego, una barra de café mexicano.

En estos días están exponiendo Ishi de Sumie Garcia y unos Collages de Mathías Goeritz.

Para terminar bien el día justo como lo empezamos, tuvimos una cata de café, tanto veracruzano como poblano, con tres diferentes estilos de filtrado y en tazas de cerámica, diseñadas también por artistas xalapeños.

Bebimos mucho café, comimos chapatas y platicamos de todo un poco. Sin duda Flavia, se ha convertido en mi cafetería favorita de Xalapa.

Fue un día extraordinario y lleno de sorpresas. Xalapa está intentando posicionarse como la capital de las “Travesías de Café” y creo que con lo que hicimos hoy es un buen inicio.

Finalmente, les recomiendo muchísimo considerar la capital veracruzana en sus próximos viajes:  aquí hay mucha cultura, mucho deporte, naturaleza viva, se come delicioso y es una de las mejores zonas cafetaleras del mundo.

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Manu Espinosa

Manu Espinosa Nevraumont (@manumanuti) es consultor de marketing, Instagram storyteller y runner. Freelancer desde hace 3 años, se dedica a crear contenido para marcas y a documentar sus viajes, solo o con otros creadores de contenido, a través de sus fotografías y sus crónicas escritas.

Las comunidades con las que tiene mayor relación e interacción están en México y Latinoamérica; y aquellas personas interesadas en viajes, running y fotografía.

Es colaborador permanente de @alanxelmundo, con quien creo la cuenta foodie de Instagram @gordosxelmundo y también trabaja para la organización Nomad Republic, especializada en viajes con causa y turismo regenerativo, con proyectos en México y en todo el mundo.

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