Colaboraciones

Un niño que viaja

Por: Grace Navarro

Somos familia muégano, a pesar de que disfrutamos mucho viajar solos, disfrutamos más viajando en familia. El año pasado tuvimos muchísimos viajes juntos, crecimos y aprendimos, pero sobre todo nos llenamos de recuerdos para toda la vida. 

Siempre me preguntan cómo le hago para organizarme con mi hijo pequeño, ¿qué pasa con la escuela?, ¿qué si va a perder el año? ¿qué si el presupuesto? ¿qué si la estabilidad? Y así mil preguntas más. Pues ahí van las respuestas.

Un niño que viaja aprende mucho más, primero que nada, de geografía (ya sé, suena obvio y no se rían pero es cierto). Bruno nunca olvidará la primera vez que vio la Torre Eiffel, en qué país está y cuál es su capital. Nunca olvidará cuando visitó Machu Picchu (pensó que las llamas le sonreían), como se asombró al ver un lugar tan increíble, construido hace tanto tiempo, todo el camino preguntó sobre su construcción, “Mamá, ¿cómo lograron cargar esas piedras enormes hasta aquí?” y así se le ocurren preguntas en cada viaje.

Un niño que viaja aprende a probar de todo, no solo la comida, sino las experiencias que un destino le puede regalar, ya sea ciudad, bosque, playa o lo que sea. Aprende a disfrutar, mojarse los pies en la arena o llenarse de nieve en la montaña. A aventarse por un tobogán como correr por la pradera libre.

Un niño que viaja aprende sobre otras culturas, su mente se expande al ver que somos diferentes, que pensamos diferente y que hacemos las cosas diferente. Aprende a ser incluyente, a ser empático, a entender que en este mundo hay lugar para todo y para todos, sean de la raza que sean, creencias o religión.

Un niño que viaja aprende a ser libre en sus decisiones, seguro de lo que puede lograr. Que puede aventurarse y que las cosas pueden salir como quiere o no, pero que puede experimentar y adaptarse. En un viaje las cosas siempre cambian y hay que ajustarse al momento, pero sobretodo siempre disfrutar. 

Un niño que viaja aprende a conocerse, a ser mejor persona y a ser mejor ciudadano de este mundo, ver cómo viven otros, como nosotros tenemos el poder de cambiar este planeta y la importancia de cuidarlo.

Así que el salón de clases aporta mucho, pero también el mundo es una gran escuela para un niño que viaja.

Grace Navarro

Fotografa, viajera y mamá muegano.
Nací en Mexicali, donde el sol te quema la piel y la gente te abraza con su calor humano. Un impulso me trajo a la CDMX y muchos otros me han mantenido en esta ciudad. Si me preguntas dónde he trabajado te diré que en periódicos, revistas y editoriales, que me han pagado por tomar fotos, que he viajado y conocido lugares increíbles, y que he conocido a gente excepcional. La verdad es que la fotografía cambió mi vida y eso es lo que soy, simplemente una fotógrafa.