Colaboraciones

Museo Viktor Frankl, en Viena

“Ningún poder en la tierra, ni siquiera la muerte aparentemente tan poderosa, tiene acceso al trabajo de tu vida, ¡el granero de tu vida!”

Viktor Frankl

 

@monytodoterreno

La primera vez que supe de Viktor Frankl fue en la universidad, en clase de psicología educativa leímos “El hombre en busca del sentido”, pero déjenme explicarles porqué leer a Viktor fue relevante para mi.

Desde joven he sentido inquietud y responsabilidad por cambiar la situación en la que viven las personas con discapacidad, el tener una discapacidad me hizo darme cuenta y vivir en carne propia lo que esto implica aún hoy en día. Dicha inquietud me llevó a estudiar pedagogía, pero el reto era más grande de lo que pensaba y yo apenas iniciaba mis estudios.

Fue así que leer a Viktor Frankl calmó mis inquietudes de joven y me permitió sacudir muchas dudas cómo ¿qué sentido tiene haber nacido con una discapacidad?

Al terminar la universidad, continúe estudiando, descubrí que en parte desde el salón de clases (ahora clases virtuales) podía continuar con mi vocación, también comencé a viajar, una de mis pasiones es visitar museos, me encanta imaginarme cómo era el pasado, me gusta la Historia que nos invita a cuestionarnos lo que sucede en nuestro presente en contextos específicos.

Actualmente, estoy en Viena, al recurrir a los textos de Viktor Frankl para una ponencia, leí en su biografía: Neurólogo, psiquiatra y filósofo AUSTRIACO. No lo podía creer, no me había percatado que estaba en la ciudad donde nació y murió, inmediatamente me puse a buscar y encontré el museo ubicado en la casa donde vivió después de su liberación de los campos de concentración.

En ese momento, en Austria estábamos en el primer confinamiento por la pandemia del coronavirus, por lo tanto el museo estaba cerrado, solo pude visitar su tumba en el Cementerio Central de Vienna.

El día que la visitamos hacía mucho frío, para acceder hasta donde se encuentra la lápida rodeada de lodo, tuve que empujar mi silla y ensuciarme las manos, la persona que iba conmigo probablemente no comprendía lo que significaba para mi ir ahí, le platiqué, pero él (a pesar de ser Austriaco) no lo conocía, seguramente porque aquí en Austria hay otras figuras más relevantes en psicología como Sigmund Freud, pero las obras de Frankl en América son reconocidas gracias a su traducción a más de 40 idiomas incluidas el Español, y en lo personal fue mi primer contacto con el tema del nazismo, simultáneamente con Anna Frank (cuya relación con Viktor solo es el contexto histórico en el que vivieron), mi acompañante se limitó a apoyarme a llegar ahí.

El 4 de junio de 2021 el museo anunció que abría de nuevo sus puertas y hace unos días por fin pude ir, la entrada del edificio no es accesible ya que hay unos escalones, pero de nuevo me hice acompañar y logramos subirlos. Desde el inicio tenía mis dudas con respecto a si mi silla iba a caber porque el museo es en sí un departamento, un lugar relativamente antiguo para contemplar el acceso de personas con discapacidad, además es un edificio protegido por su historia, por lo que las modificaciones arquitectónicas (aunque deberían) no son tan fáciles de realizarse. Después de los escalones, a partir del elevador, me fue posible moverme bien.

La entrada a visitantes generales cuesta €8 (unos $190 pesos mexicanos) con el descuento a personas con discapacidad pagué €6, mi acompañante entró sin costo, la entrada para estudiantes cuesta €5. La exposición es en Alemán e Inglés, también hay audioguías en Español.

Al principio creí que iba a ser un museo tipo “aquí es donde estudiaba, aquí dormía” jaja pero no, para nada, el museo te presenta la vida de Viktor y sus obras, así como una exposición de sus tesis e ideales de una manera inspiradora e interesante, en resumen creo que es un lugar al que se puede recurrir en esas temporadas en que hay dudas acerca de la vida, también para aprender y reaprender, o simplemente para adquirir nuevas formas de ver situaciones difíciles.

Aquí les dejo el fragmento de un texto ubicado en el museo:

Adolescentes con SIDA fueron tratados en un hospicio. Casi todos procedían del escenario de las drogas y fueron abandonados por sus familias. El personal del hospicio se vio afectado por la angustia emocional de estos jóvenes. Por eso, montaron un taller de pintura. Preguntaron a los jóvenes si les gustaría pintar. Todos querían hacerlo. Cada paciente podía elegir un panel de madera del tamaño que pudiera manejar. El motivo a pintar fue a elección del paciente. Muchos de ellos eligieron paisajes del pueblo de su infancia. Además, podían decidir a quién querían donar el icono después de su muerte. No solo debe ser una obra de arte, sino que también debe ser una obra de amor. Todos nombraron a alguien (por ejemplo, un padre que nunca visitó a su hijo, un empleado del hospicio). Los jóvenes pintaron con entusiasmo.

Entre tanto, algunos de ellos perdieron el conocimiento por su condición, pero luego se despertaron de nuevo y siguieron pintando. El icono representaba todo su anhelo de una buena vida, todo lo que echaban de menos y su deseo de realización. Esto muestra lo que aún puede iluminarse, lo que aún culmina al final de la vida, en los límites de las posibilidades humanas. Los iconos de los difuntos se colgaron en el pasillo y así se honraron. 

A los 12 meses del inicio del proyecto los empleados observaron lo siguiente:

  1. Mueren más pacíficamente. No hay agonías severas. Anteriormente, los jóvenes a menudo se levantaban gritando y chillando. 
  2. Necesitan un 50% menos de analgésicos. Sienten menos dolor debido a su devoción y compromiso con la pintura. 
  3. En estos 12 meses no muere ni una sola persona antes de terminar su icono. Las últimas reservas de energía se movilizan para realizar este trabajo, que se define como el último logro.

Estos jóvenes han aprovechado la oportunidad de traer luz a su granero de vida. 

Elisabeth Lukas

Con el tiempo fui descubriendo que lo poco o mucho que pueda hacer es válido, y que lo más importante es descubrir cuál es nuestro talento, qué nos apasiona, qué considero que soy buena haciendo y desde ahí buscar influir en el mundo positivamente, eso le da sentido a mi vida. Si bien no he logrado grandes cosas como poner una fundación, actualmente doy conferencias de inclusión y atención a la diversidad y estoy escribiendo mi tesis de maestría para evaluar la inclusión de estudiantes con discapacidad en escuelas del Estado de México. Un lado muy bonito de buscar el sentido a nuestras vidas es encontrarnos con personas que también quieren emprender acciones, con las cuales podemos aprender y colaborar.

Solo escribí y comparto esto porque como cualquier ser humano busco y ojalá, encuentre el sentido (a mi manera), cada quién tiene una historia propia, la cual ha influido en cómo somos hoy, y a ti ¿qué le da sentido a tu viaje llamado vida?

Tus Comentarios son muy importantes

Comentarios

Mónica Montoya

Añadir comentario

Haz click aquí para publicar un comentario