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10 razones para visitar Guanajuato

Visitar la ciudad de Guanajuato es como retroceder en el tiempo y vivir en plena época colonial con sus toques, claro, de modernidad.

Visitar la ciudad de Guanajuato es como retroceder en el tiempo y vivir en plena época colonial con sus toques, claro, de modernidad.

Aquí te damos 10 razones por las que tienes que venir a esta fantástica ciudad muy pronto. 

1. Sus calles estrechas aún están marcadas por la piedra y el paso de las carretas. Un reconocimiento especial a todas esas mujeres que con tacones suicidas circulan por los ríspidos empedrados y adoquines. Si piensas recorrer el centro histórico a pie (sin duda la mejor manera de conocer la ciudad) usa zapatos cómodos, como las botas viajeras de alanxelmundo *esto no es un comercial*.

2. Su arquitectura, principalmente barroca, con sus casas de semblantes antiguos y colores vivos que ya no tienen el vigor de antes, pero sí conservan su eterna belleza. Muchas construcciones fascinantes son propiedad privada, así que resístete a la euforia de meterte. Sin embargo, hay muchas más que son edificios públicos de libre acceso, ahí sí métete con gusto. El Teatro Juárez, es un ejemplo, neoclásico por fuera, ecléctico por dentro, es imponente a la vista, tanto de día como de noche.

3. El arte sacro y sus numerosos templos religiosos, iglesias y parroquias. No importa si eres creyente o no, la belleza de estos lugares es indiscutible. Inclusive, podrás encontrar opulentos altares de oro. Solo recuerda tomar fotos sin “flais”, como diría el cuidador de la bonita iglesia de San Cayetano de la Valenciana. Visita esta última, que es la principal exponente del estilo barroco churrigueresco, y por supuesto la magnánima Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato (sí, así se llama).

4. Sus callejones legendarios con sus balcones floridos cuentan historias de amor y de tragedia. Tienes dos posibilidades: la buena, que te roben un beso apasionado en el homónimo callejón (ya no es tan mal visto, como lo era, increíblemente, hasta hace un par de años, como un disturbio a la moral); o la mala, que te roben un grito histérico por alguna aparición fantasmagórica. Recuerda  que la Llorona, y otros espíritus del Más Allá, siguen sueltos y deambulando por la ciudad.

5. Sus minas de oro y plata son un recordatorio de la riqueza de su tierra y de su esplendor histórico. Existen varias minas en los alrededores de la ciudad, aunque algunas siguen activas, y no se pueden visitar. En La Valenciana, en cambio,  sí podrás aprender mucho de la topografía y el proceso minero, además de poder descender varios metros y conocer la mina por dentro. Colócate un casco y sumérgete en ese mundo subterráneo.

6. Sus numerosos museos y galerías, además de sus festivales, la convierten en una capital del arte, y en el centro latinoamericano de la cultura cervantina.  La Alhóndiga de Granaditas, además de tener un gran valor histórico por su papel durante la Independencia de México, alberga un museo y ostenta unos fantásticos murales de José Chávez Morado. No muchos creen en el heróico Pípila, pero hay que admitir que es una buena historia que contar. Durante el mes de Octubre, asiste al Festival Internacional Cervantino, que en 2017 tendrá su XLV edición.

7. Su vida de noche, llena de música goliarda. Existen varias agrupaciones de estudiantinas, que con sus trajes típicos entonan música hispana, con adaptaciones latinas y contemporáneas. Ellos mismos serán tus guías durante las famosas callejoneadas en el centro de la ciudad. Son complacientes, así que puedes pedir que toquen tu canción preferida, y lo harán si se la saben. “A ver, échense una de Juanga, o del clásico de la casa, de José Alfredo Jiménez”.  

8. La comida es fabulosa. Unas ricas enchiladas mineras, los nacionales chilaquiles, verdes y rojos, o el uso constante de la fruta xoconostle para diferentes platillos. Los dulces de aquí son deliciosos: las charamuscas de piloncillo en forma de momias o los churros con cajeta. Un champurrado calientito por la mañana te alegrará el resto del día, o una cebadina para animar el espíritu. Existen varios restaurantes de autor, con comida orgánica, y cientos de fondas y restaurantes tradicionales para comer a precios muy módicos.

9. Sus momias son tan célebres como su arquitectura. Muchos imaginan encontrar personajes vendados como en las películas hollywoodenses, o en la cultura de embalsamación egipcia. Sin embargo, estas momias fueron conservadas naturalmente por el vacío de sus criptas; casi todas tienen un gesto de dolor, pareciera que fueron enterradas con vida, pero el rictus de sufrimiento más bien fue resultado del proceso de deshidratación. El museo es algo tétrico -está debajo de un cementerio- y algunos de sus guías también.

10. Su cercanía con otras ciudades interesantes del estado de Guanajuato como León, Celaya, Irapuato o San Miguel de Allende. Esta última es sumamente pintoresca, con sus muros gigantes, amarillos, de los conventos; sus casas con puertas viejas de madera y ventanas pequeñas de herrería donde se posan y anidan las palomas; sus característicos patios arbolados, y la alucinantemente bella Parroquia de San Miguel Arcángel; sus galerías de arte y su mercado de artesanías. Las nieves en el Jardín de Allende, de piñón o de coco, son espectaculares.

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