Tú x el Mundo

Viajar con amigos, terapia para el alma

Por: Valeria Anduaga

De eso se trata la vida, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tu no ves; que te enseñe a mirar con otros ojos.

Conforme pasa el tiempo va resultando más difícil poder alinear los tiempos y el espacio para ver a nuestros mejores amigos. Nos vamos esparciendo a diferentes ciudades, cambian nuestros ritmos de vida y días libres.

Sin embargo, después de este viaje estoy convencida de que todos necesitamos viajar con nuestras amistades por lo menos una vez al año. Debería contar como terapia para el alma.

Solemos escuchar mucho de los viajes con la pareja o con la familia, pero dejamos a un lado unas de las mejores experiencias; viajar con tus mejores amigas.

Imagina viajar con esas personas que te han conocido en tantas versiones de ti, esas personas que conoces desde hace algunos años y saben tus más íntimos secretos. ¿Qué hay que ocultar? Nada. Todo lo contrario, esos viajes te hacen poder ser libremente tú.

En esta ocasión, logramos coincidir 3 de mis mejores amigas y yo para emprender un viaje a uno de mis destinos favoritos: Oaxaca. Estuvimos allí 8 días conociendo la ciudad y sus alrededores.

Al llegar nos dimos cuenta de que justo ese día se cerraron muchos de los lugares que teníamos planeados en nuestro itinerario. Los lugares turísticos más comunes de Oaxaca estaban cerrados, pero eso no nos impidió disfrutar el viaje al máximo, sino al contrario, descubrimos lugares que no teníamos idea que estaban a nuestro alcance en este viaje. Eso es una de las mejores cosas de viajar con amigas; sabíamos que habría alternativas y no bajábamos el ánimo porque estábamos juntas.

Fue un viaje lleno de todo; risas, historia, gastronomía, aprendizajes, cultura, fiesta y muuuuucho mezcal. Podías observar a 4 mujeres riendo a carcajadas y cantando por todo el andador turístico.

Creo que, a pesar de conocer a tus amigos desde hace mucho tiempo, a veces no nos damos el tiempo de seguirlos conociendo. Todos vamos cambiando con el tiempo y un viaje definitivamente sirve para volver a conocer a tus amigos. La vulnerabilidad a la que estamos expuestas en un viaje, los sentimientos que surgen al conocer lugares tan mágicos, las conversaciones espontáneas sobre lo que vas viendo en el camino; todo eso sin duda hace que se afiancen los lazos. Cada uno de los días que estuvimos allí descubría algo nuevo de cada una e incluso de mi misma. Porque para eso son los viajes, para conocer; lugares, personas y a ti mismo.

Uno de los lugares que descubrimos en nuestra búsqueda de opciones para conocer fue Santiago de Apoala. Ese fue nuestro segundo día en Oaxaca y sin duda, uno de los mejores. Íbamos sin muchas expectativas porque no tuvimos tanto tiempo de procesar o investigar sobre el lugar, simplemente vimos unas cuantas fotos y decidimos que sería una buena opción. Al llegar a Apoala, conocimos a nuestro guía local que nos fue explicando a detalle todo lo referente al pueblo. Desde sus primeras palabras hasta las miles de dudas que nos resolvió, nos dejó sorprendida.

Santiago Apoala es un municipio con 150 habitantes. “Apoala” significa “río que arranca”, “donde reparten el agua” o “agua que se destruye”. Este nombre hace referencia a la cantidad de agua que hay por esa región; su río y una hermosa cascada. Nos impresionó lo limpio que estaba el lugar, la responsabilidad social que había por parte de todos los habitantes, las costumbres que tenían y la forma tan bonita de acoger a los excursionistas que estábamos por ahí.

Durante el día conocimos una bella laguna color turquesa, nadamos en la impresionante cascada de Apoala, caminamos mucho para llegar a ver unas pinturas rupestres que están al llegar a la cima de una montaña, gritamos al aire para escuchar nuestro eco, estuvimos en medio de dos grandes peñas y conocimos a varias personas del pueblo.

Después de ese día (que apenas era el segundo) todos los sentimientos estuvieron a flor de piel. En el camino de regreso a la capital, estuvimos conversando sobre lo impresionante que es el mundo y las maravillas que tiene para ofrecernos. Nos impresionamos de como nosotras tuvimos la fortuna de ver lo que hace miles de años alguien dibujó en una cueva o pared, estuvimos en el mismo lugar que esa persona que vivía una realidad completamente diferente a la actual y eso nos explotaba la cabeza. Estas son conversaciones que a veces por la rutina y por los apuros del día a día no nos damos el tiempo de tener con nuestras mejores amigas, pero son conversaciones que se recuerdan para siempre por su profundidad.

Los siguientes días conocimos las zonas arqueológicas de Oaxaca (Mitla y Monte Albán), aprendimos el proceso para hacer mezcal y degustamos muchos de sus tipos, probamos chapulines, nos adentramos a los mercados gastronómicos, compramos artesanías por el andador turístico, comimos nieves oaxaqueñas en la Iglesia de la Soledad, caminamos afuera del Templo de Santo Domingo, nos sentamos a admirar las vistas de las múltiples terrazas que hay en el centro.

Después de 7 días en Oaxaca, sentimos que vivimos de todo un poco y terminamos realmente enamoradas de la ciudad y sus alrededores. Nos encantó su gastronomía, sus artesanías y el trato de su gente.

Este viaje fue de descubrimientos personales y en relación de amistad, redescubrimos los gustos unas de otras, hablamos de nuestros miedos y sueños, recordamos muchas anécdotas de nuestras vidas (unas no tan gratas jajaja) y lo más importante, generamos experiencias que se quedarán en nuestro corazón por siempre.

Viajen mucho, con su pareja, con su familia, solos, pero nunca olviden planear viajes con esas personitas que están para nosotros cuando los necesitamos; nuestros amigos.

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