Hay países que se disfrutan caminando. Otros, en tren. Islandia pertenece a una categoría distinta: aquí el viaje ocurre entre un paisaje y otro. Las distancias no parecen enormes en el mapa, pero basta comenzar a conducir para entender que cada tramo se convierte en parte de la experiencia.
Entre campos de lava, montañas cubiertas de nieve, cascadas que aparecen junto a la carretera y fiordos que obligan a rodear la costa, moverse por Islandia requiere algo de planificación. La buena noticia es que existen opciones para todo tipo de viajeros, desde quienes sueñan con una road trip hasta quienes prefieren depender del transporte público.

La mejor forma de conocer Islandia sigue siendo alquilar un coche
Si tu idea es explorar más allá de Reikiavik, alquilar un automóvil es probablemente la decisión más acertada.
La famosa Ruta 1, también conocida como Ring Road, rodea prácticamente toda la isla y conecta muchos de los principales atractivos turísticos. Con ella puedes visitar lugares como la costa sur, la laguna glaciar Jökulsárlón, los fiordos del este o el norte del país sin necesidad de organizar complejos traslados.
Además, conducir en Islandia tiene una gran ventaja: el tráfico es mínimo fuera de la capital.

Durante los meses de verano, un vehículo convencional suele ser suficiente para recorrer las rutas principales. Sin embargo, quienes planeen aventurarse en las tierras altas o por carreteras identificadas con la letra F necesitarán un vehículo 4×4, ya que muchas de estas rutas atraviesan ríos, zonas volcánicas y terrenos complicados.
La autocaravana: una de las formas favoritas de viajar por Islandia
Si alguna vez has soñado con despertar frente a una cascada o junto a un fiordo, Islandia es uno de los mejores lugares del mundo para hacerlo.
Las autocaravanas se han convertido en una opción muy popular porque permiten combinar transporte y alojamiento en un mismo presupuesto. Además, muchos campings del país funcionan sin necesidad de reservar con meses de antelación, lo que ofrece una flexibilidad que resulta difícil encontrar en otros destinos europeos.

La mejor época para este tipo de viaje es entre junio y septiembre, cuando las carreteras están completamente abiertas y los días parecen no terminar nunca gracias al sol de medianoche.
En invierno, en cambio, muchas zonas de acampada cierran y las condiciones meteorológicas pueden complicar seriamente los desplazamientos.
No subestimes el clima islandés
Hay una frase que los viajeros escuchan constantemente en Islandia: si no te gusta el clima, espera cinco minutos.
Aunque parezca exagerada, tiene bastante de verdad.

Una mañana soleada puede convertirse en lluvia intensa o viento extremo en cuestión de horas. Por eso, antes de salir a carretera conviene revisar diariamente las condiciones meteorológicas y el estado de las rutas.
Esto es especialmente importante entre otoño y primavera, cuando las tormentas de arena volcánica, nieve o hielo pueden afectar la conducción.
El seguro no es un gasto innecesario
Uno de los errores más comunes entre quienes visitan Islandia es contratar únicamente la cobertura básica del coche.
Las carreteras de grava son habituales y los fuertes vientos pueden provocar daños inesperados. Por eso muchos viajeros optan por seguros adicionales que cubren impactos de piedras, arena volcánica o ceniza. Además, es necesario llevar uno que los cubra a ustedes por cualquier inconveniente, en Alan por el Mundo usamos Chubb.

También vale la pena revisar cuidadosamente el vehículo antes de salir de la agencia y fotografiar cualquier marca o desperfecto existente.
¿Se puede recorrer Islandia sin coche?
Sí, aunque requiere más paciencia.
La red de autobuses conecta buena parte de las localidades costeras y permite llegar a varios destinos populares. No ofrece la misma libertad que un automóvil, pero puede ser una excelente alternativa para quienes viajan con presupuesto ajustado o prefieren no conducir.

Los servicios son más frecuentes durante el verano, cuando aumenta la demanda turística. En invierno algunas rutas reducen horarios o incluso suspenden operaciones temporalmente debido a las condiciones climáticas.
Los vuelos internos ahorran mucho tiempo
Islandia parece pequeña hasta que intentas cruzarla en invierno.
Por esa razón los vuelos nacionales son una herramienta muy utilizada tanto por visitantes como por residentes. Ciudades como Akureyri, en el norte, o Egilsstaðir, en el este, cuentan con conexiones aéreas regulares desde Reikiavik.

Aunque son más costosos que viajar por carretera, pueden ahorrar jornadas completas de traslado, especialmente durante los meses más fríos.
Los ferris permiten descubrir otra cara del país
Islandia también se explora por mar.
Algunas rutas de ferry funcionan como auténticos atajos para evitar largos rodeos por carretera, mientras que otras permiten acceder a islas que difícilmente formarían parte de un itinerario convencional.
Entre las más interesantes se encuentran las Islas Vestman, uno de los mejores lugares del país para observar frailecillos durante el verano, así como pequeñas islas del norte que se encuentran cerca del Círculo Polar Ártico.
Para muchos viajeros, estos trayectos terminan convirtiéndose en una de las experiencias más memorables del viaje.
¿Y la bicicleta?
Para los más aventureros, recorrer Islandia sobre dos ruedas es posible.
Cada año cientos de ciclistas completan la Ring Road en unas dos semanas, atravesando algunos de los paisajes más espectaculares de Europa. Sin embargo, no es una aventura para cualquiera.

Los vientos constantes, las lluvias repentinas y las bajas temperaturas pueden convertir una etapa sencilla en un auténtico desafío.
Si estás considerando esta opción, conviene llevar refacciones, herramientas y todo lo necesario desde Reikiavik, donde existe una mejor oferta de tiendas especializadas.
El consejo más importante
Más que elegir entre coche, autobús o avión, la clave para moverse por Islandia es mantener cierta flexibilidad.
Los cambios climáticos forman parte de la experiencia y, en ocasiones, obligan a modificar rutas o planes de última hora. Quienes viajan con tiempo suficiente para adaptarse suelen descubrir que algunas de las mejores experiencias ocurren precisamente cuando se sale del itinerario original.
Y eso, en un país donde una cascada puede aparecer detrás de cualquier curva, suele ser una gran noticia.




































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