Colaboraciones

48 horas naufragando en Cozumel

¿Sabían que Cozumel es el primer lugar de todo México en recibir los rayos del sol? Esta isla caribeña es la tercera más grande de nuestro país y nos regaló, durante 48 horas, un mar azul con tonalidades de ensueño, amaneceres y atardeceres poéticos  y un contacto profundo con la naturaleza, su abundante selva y sus bellas y relajantes playas. 

La primera y única vez que vine a la Isla de Cozumel fue con el difunto Dr. Nevraumont (mi abuelo) hace más de 20 años. No recuerdo nada de ese viaje, solo que a mi hermano le dió pánico de mar al esnorquelear y casi se ahoga, mientras mi tío buceaba 15 metros abajo de nosotros -apacible- como si fuera un tiburón ballena.

Es por eso que volví, para crear nuevos recuerdos, más lúcidos. 

El arribo

Abordamos el avión, los de siempre -mi mejor amigo Arturo y mi novio Santiago- y por fin conocí a otra de las viajeras más empedernidas de nuestro país: Mariel de Viaje. 

Nos hospedamos en El Cozumeleño, un hotel clásico, lindo, de esos que parecen eternos, que llevan aquí desde siempre como si fueran parte de los arrecifes. La vista desde los balcones de las habitaciones te regala, por lo menos, dos tonalidad de azul de ensueño. 

Bajamos a comer a la orilla de la playa donde las olas mueren convertidas en espuma cuando chocan contra el muelle. Estuvimos ahí platicando, hasta que el sol comenzó a tramontar. 

Siempre los atardeceres serán mi momento preferido del día, más que lo amaneceres -porque no tienes que levantarte temprano jajaja. 

Ese día cenamos en el hotel, y arrullados por el silbido del viento marino -como cuando acercas el oído a un caracol- nos quedamos profundamente dormidos. 

Primer día de naufragio

Nos levantamos muy temprano -cuando aún dominaba la noche- y recogimos nuestras bicicletas en el Hotel Be Unique. Nos movíamos en la oscuridad, en fila india; yo seguía a Santiago y Arturo me seguía a mí. 

Antes de virar a la izquierda vimos el primer ferry iluminado partir hacia Playa del Carmen -6.30 am- y pedaleamos fuertemente hasta dejar todas las casas detrás y estar rodeados de solo árboles. 

La carretera parecía eterna, y el frío nos calaba un poco los huesos -«la heladez» le dicen los isleños de Cozumel. 

En el horizonte, frente a nosotros, comenzaba a amanecer. El cielo se pintó de un naranja intenso. «Yo ya no puedo más» nos dijo Arturo «Sigan ustedes. Los veo luego». 

Santiago y yo llegamos, después de un rato a la Punta Este, a Playa Mezcalitos, y estuvimos un rato ahí enamorados del amanecer -y de las cochinillas de mar, aferradas como fósiles al coral. 

Ya de vuelta a la costera (del otro lado de la isla) desayunamos en The Westin Cozumel y su espectacular restaurante al filo del mar. 

Después nos trasladamos al Aeródromo Capitán Eduardo Toledo para nuestra aventura voladora con Aerohelix. 

Tras una breve explicación sobre las medidas de seguridad nos pusimos los audífonos, nos abrochamos el cinturón y sobrevolamos la isla en helicóptero por 10 minutos. La vista aérea de Cozumel es un delirio de azul y de selva. 

Y como si el vuelo no hubiese sido suficiente, nos dirigimos al parque Chankanaab a una experiencia gastronómica de altura (literal, como la Rosalía jajaja). 

The High Experience Cozumel es un restaurante en elevación que te permite degustar un menú suspendido a 45 metros y con una vista panorámica del verdiazul clamoroso del mar. 

Muy felices, con los ojos llenos, nos fuimos a pasar toda la tarde al Hotel Occidental. Nos instalamos en su playa -calma y transparente- y nos metimos a esnorquelear por horas. 

Ya caída la noche, visitamos el Planetario de Cozumel. En su sala maya explican asuntos astronómicos y la relación de nuestros antepasados con la tierra. 

En el duomo vimos unas proyecciones espaciales, parte del concierto The Dark Side of the Moon con animación, y un docu 3D de medusas bebés. 

Finalmente subimos hasta lo más alto, al observatorio, y pudimos ver los cráteres de la luna. De regreso al hotel, cena y a dormir con una felicidad inmensa. 

Segundo día de naufragio

Santiago me despertó a las 6 de la mañana «Pelón, me iré a correr por la carretera costera. Pasan por mí para ir a desayunar». Cuando lo levantamos del camino llevaba corridos 20 kilómetros. 

El desayuno fue en el hotel Iberostar. En su amplio jardín selvático tienen unos hermosos flamencos que pasamos a contemplar durante unos minutos. 

Ya comidos y felices nos fuimos por una sesión de spa y masaje al Secrets Aura. «Cling cling» Sonó una campana budista y una voz femenina me susurró al oído: «Hemos acabado señor». Me había relajado tanto que me quedé dormido, a tal punto que había un hilo de baba que iba desde el piso hasta mi boca, sobre la tabla de masajes. 

Después de un baño, partimos a comer al particular Explorean Cozumel, uno de los pocos hoteles en Cozumel que no tienen vista al mar porque está rodeado de abundante selva.

El menú estuvo delicioso -sopa xcatic y salmón- y de ahí nos pasamos al bellísimo beach club del Fiesta Americana. 

Desde un muelle de madera bajas unas escaleras -un tanto resbalosas por el lirio y el musgo- y te puedes zambullir en las aguas cristalinas del Caribe para observar corales tornasol y pececillos curiosos. 

Estuvimos esnorqueleando un buen rato en modo anfibio, como ranas humanas equipadas con visores y aletas, y solo salimos del agua para disfrutar del sol naufragando en el horizonte. 

¿Les ha pasado que cuando atardece escuchan una canción en su cabeza? 

Al día siguiente, tomaríamos el vuelo de regreso a la Ciudad de México.

Me llevo las mejores memorias de un lugar fascinante, una isla donde, sin duda, estaría dispuesto a naufragar. Tiene uno de los mares más bellos del mundo para nadar y esnorquelear, cientos de actividades fascinantes, una cultura del cuidado ambiental admirable y ofrece los mejores amaneceres románticos y los mejores atardeceres hipnóticos. 

NOTAS FINALES
Amaneceres controversiales

Para los que ya van a empezar a alegar lo de los rayos del sol, en realidad, son tres sitios que se disputan el privilegio de ser las primeras en recibir sus rayos en México: Cozumel con Punta Molas, Cancún con Punta Cancún, e Isla Mujeres con Punta Sur. De hecho la diferencia entre la salida del sol en cada lugar es de pocos segundos.

Buceo para la próxima ocasión

Por cuestiones de tiempo no pudimos bucear, pero Cozumel es reconocido a nivel mundial como uno de los mejores lugares para realizar esta actividad de observación subacuática -tanto para principiantes como para expertos del buceo.

Alerta Ambiental

Desafortunadamente, algunos lugares muy famosos de la isla han tenido que cerrar al público. El sitio conocido como «El Cielo» junto con otros arrecifes –  Palancar Herradura, Jardines Palancar, Cuevas Palancar, Palancar Ladrillos y Colombia 2- han tenido que cancelar todo tipo de actividad acuática desde octubre a consecuencia de «Síndrome Blanco» que afecta el tejido de los corales y los mata. 

Al cerrar de manera indefinidamente estos lugares, se espera reducir la contaminación derivada de la actividad turística como gasolinas de embarcaciones, bloqueadores solares, etc. 

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Manu Espinosa

Manu Espinosa Nevraumont (@manumanuti) es consultor de marketing, Instagram storyteller y runner. Freelancer desde hace 3 años, se dedica a crear contenido para marcas y a documentar sus viajes, solo o con otros creadores de contenido, a través de sus fotografías y sus crónicas escritas.

Las comunidades con las que tiene mayor relación e interacción están en México y Latinoamérica; y aquellas personas interesadas en viajes, running y fotografía.

Es colaborador permanente de @alanxelmundo, con quien creo la cuenta foodie de Instagram @gordosxelmundo y también trabaja para la organización Nomad Republic, especializada en viajes con causa y turismo regenerativo, con proyectos en México y en todo el mundo.

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