Por: Den Cortés
Agosto 2025: El objetivo de Sao Paulo, Brasil, estaba fijo… o tal vez no.
“Wenceslao” (así lo llamaremos) y yo, nos conocimos en una app de citas internacional. Todo parecía ir bastante bien: las pláticas, videollamadas, la conexión. Decidí emprender mi aventura a Sudamérica debido a que el Consulado de mi país nos complicó las cosas para la visa de “Wenceslao”, así que el 22 de agosto, muy temprano, me encontraba en la Terminal 2 del aeropuerto listísima para tomar mi vuelo hacia Brasil.

Los nervios eran mi principal compañero de vuelo, sin embargo, disfruté al máximo cada minuto en los aviones que abordé y la escala que hice.

Llegó el momento: el avión aterrizaba en Sao Paulo y los nervios me jalaban los pies. Viví el trayecto más eterno que incluía: el desalojo del avión, migración, Duty Free… etc.

Llegué a la puerta de salida, y, hasta atrás de todos los locales recibiendo a sus seres queridos, estaba “W”, ¡¡¡qué nerviaaaaaa!!! Pues agarré al toro por los cuernos y con todo y las casi 11 horas de vuelo encima de mí, en forma de sudor, cansancio, cara cansada y sin maquillaje, surgió el “Hello!!” con todo y abrazo.

Yo, muy contenta, respondiendo a sus preguntas sobre mi vuelo, sobre si ya había comido, etc…, poco a poco, esos nervios que parecían de terror se fueron convirtiendo en emoción al ver los caminos, la gente, los autos, los edificios, todo diferente, ¡hasta que vi la primera bandera de Brasil! En ese momento mi corazón quería explotar de alegría, pues el veinte de que estaba fuera de mi país después de 13 años de querer volver a volar lejos, me acababa de caer.


Esos 7 días fuera de mi hogar fueron increíbles: conocí Sao Paulo y Sao Bernardo do Campo. Aprendí Portugués, cultura local, conocí tienditas, transporte, salí a correr al parque, en fin… Estuve inmersa en la cotidianeidad brasileña, cosa que amé.
Y bueno, para no hacer el cuento largo, todo parecía ir viento en popa: la despedida, la ida al aeropuerto para mi regreso, incluso hasta los días siguientes a mi retorno, todo increíble.

De repente, y por una extraña razón, “Wenceslao” dejó de responder a mis mensajes sin decir: “Agua va”, me “ghosteó”, vaya…Honestamente fue bastante sorpresivo y hasta la fecha, de repente me pregunto la razón por la cual pudo haber sucedido eso, y es ahí cuando reparo en el título de mi anécdota, porque yo iba con un objetivo muy bien trazado, sin embargo, resultó ser algo totalmente diferente: yo iba con la firme intención de conocer a este chico y para serles sincera, me ilusioné, pues todo apuntaba a que él también estaba completamente en sintonía conmigo, peeeeero, al final resultó que esto fue mejor de lo que esperaba: crecí y maduré aún más mental y emocionalmente. Esta experiencia es de las mejores que he tenido, pues después de haberla pasado muuuuy mal en meses anteriores a mi viaje, me demostré (sin planearlo) a mí misma que soy capaz de hacer mucho más de lo que pude haber pensado en su momento (en este caso, organizar y solventar un viaje tan lejos en tan sólo un mes y por mi propia cuenta).


Bien dicen que “si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes (o propósitos de viaje)”
Den. 🙂



































