Colaboraciones

Holbox sobre ruedas

“La utopía está en el horizonte, camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”
Eduardo Galeano

Desde que vi el video de Alan Estrada en Holbox era mi sueño conocer la isla, después de meses de ahorro decidí que mis vacaciones de verano las quería pasar ahí, planee todo junto con mi amigo Simon proveniente de Austria, que en su primera vez a México quería aprovechar para conocer lo más posible.

Con algunas dudas acerca de si mi silla de ruedas le iba a hacer honor a su segundo nombre, “todo terreno” sobre las calles de arena de la isla, pero con mucho entusiasmo me dediqué a hacer llamadas a los hoteles para reservar habitación, comprar los vuelos y hacer la maleta, aquí les comparto cómo fue mi experiencia en la Isla por si tú, algún familiar o amigo son viajeros sobre ruedas.

Para llegar a Holbox nos transportamos en las opciones que muestra Alan en su video, salimos del aeropuerto de la Ciudad de México en un vuelo de dos horas hacia Cancún, como volamos durante la madrugada desayunamos en el aeropuerto en lo que nos daban las 8 de la mañana horario en que abrían la taquilla de autobuses ADO. No hay autobús en el aeropuerto que vaya directo hasta el pueblo de Chiquilá (donde sale el Ferry hacia la isla), así que primero tomamos un autobús ADO del aeropuerto hacia la otra terminal en Cancún centro, cuyo recorrido es de 35 a 40 minutos y de ahí tomamos otro hacía Chiquilá, este último trayecto son cerca de 2 horas y media. 

Ya en Chiquilá compramos los boletos para el Ferry, en el de ida el acceso para abordar fue con rampa, pero en el de regreso pusieron unos escalones, así que al ver que iba a subir en silla de ruedas por otra puerta bajaron una rampa la cual me ayudaron a subir debido al movimiento del agua.

Llegando a la isla era la hora de la verdad, saber si la arena en las calles era transitable para la silla; como el hotel en el que nos hospedaríamos no estaba tan lejos (además de que en la isla todo queda relativamente cerca) decidimos andar y rodar, para mi gran alivio resultó muy fácil moverme con la silla ya que la arena estaba compacta.

Al segundo día llovió un poco y la arena se puso chiclosa, se podía andar, pero se pegaba en las ruedas y en mis manos, recomiendo empacar las herramientas necesarias para darle mantenimiento a tu silla por cualquier cosa y un aceite para lubricar las ruedas ya que por la humedad del ambiente, la lluvia o el mar, mis ruedas llegaron a oxidarse un poco, lo bueno es que solo fue un poco de lluvia y los días siguientes estuvieron espectacularmente soleados.

Es importante llevar protector solar biodegradable y colocarlo con anticipación cada vez que se expongan al sol, mi pobre amigo austriaco se entusiasmo recorriendo la isla, pero dio tremenda quemada a pesar de llevar sombrero o estar en la sombra debido al reflejo del sol en la arena y su piel blanca, puesto que pensó que no necesitaría protector hasta estar bajo el sol cuando se metiera al mar, pero era demasiado tarde.

El hotel en el que decidimos hospedarnos fue “Marvin suites” que está muy cerca del centro, la reservación la realicé mes y medio antes de ir, como era temporada vacacional, la mayoría de los hoteles y hostales estaban llenos, afortunadamente en Marvin suites encontramos habitación en planta baja.

Recomiendo que cuando estén buscando hospedaje se informen lo mejor posible acerca de la accesibilidad del lugar y tener a la mano las medidas de la dimensión de la silla porque a veces hasta el escaloncito que hay en el baño o el tamaño de las puertas (como ejemplo) pueden ser un gran problema.

Llamé por teléfono y Jessi una chica espectacular que trabaja ahí muy amablemente me proporcionó fotos de la habitación vía WhatsApp, se interesó mucho por hacer de nuestra estancia lo más cómoda posible. Marvin, el dueño del lugar, desde nuestra llegada nos recibió con alegría, nos ofreció acompañarnos a nadar con tiburones ballena y hasta cocina para los huéspedes cuando le es posible, en definitiva fue un buen hotel para pasar unas vacaciones inolvidables. De la habitación la única dificultad que tuve fue que no cabía mi silla hasta la regadera, así que tenía que bajar de ella, lo cual era difícil e importante, por supuesto esto lo comenté al dueño quién mencionó buscar formas para mejorar el acceso, me dijo que en otras habitaciones era más amplió, pero ya estaban ocupadas.

El primer día nos dispusimos a descansar pues por el calor, el jetlag de Simon y el viaje de madrugada estábamos muy cansados. Al día siguiente fuimos a la playa de Ñaña en donde pudimos rentar camastros a la orilla del mar todo el día, el trato, precios y calidad son buenos, ahí disfrutamos de comer y beber muy a gusto, si me daba calor bajaba del camastro y me iba con las manos hacia el mar, recomiendo llevar en todo momento un gel antibacterial para la hora de comer, ya que no es fácil encontrar un lugar fácil en donde lavarte las manos. Lo bonito de esta isla es que el nivel del mar es super bajito y calmado, pude adentrarme mucho metros si preocuparme del oleaje.

Estas vacaciones fueron como un sueño, me olvidé por completo todo y me dediqué a descansar y disfrutar de la playa, el mar azul, la comida variada, las calles coloridas perfectas para tomar fotografías, la compañía de Simon quien se enamoró de México al instante gracias a este precioso destino cuya característica es la calidez de la gente, resaltado los magníficos atardeceres que ahí presenciamos, recuerdo voltear a ver la cara de mi amigo y ver una sonrisa en su rostro y el sol ocultándose reflejado en sus ojos. 

La isla me hizo sentir bienvenida en mi totalidad, con mi silla incluida que llegaba hasta la orilla de la playa y con mis sueños de disfrutar unas vacaciones inolvidables.

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Mónica Montoya

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