Colaboraciones

Diseño y comida en Magda restaurante 

Foto: Karla Campos/ Miriam Rivera

“La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quién puede amarla”

Hermann Hesse

La hora de la comida es un ritual. Los seres humanos no sólo nos alimentamos por cubrir una necesidad física y es por eso que una celebración nunca está completa sin nuestros platillos favoritos.

Cada detalle cuenta y bajo esta premisa, el nuevo restaurante del chef Mario Espinosa, a cargo de Madereros y Tencüi, es un concepto sencillo rodeado de una gran propuesta visual en San Ángel, al sur de la Ciudad de México.

Foto: Karla Campos/ Miriam Rivera

Magda es su nombre y hace alusión al río Magdalena, uno de los únicos sobrevivientes acuíferos en una ciudad que en algún momento flotaba sobre el agua. 

Su ubicación es histórica y el antiguo jardín del Convento del Carmen ha sido intervenido por el diseñador Ricardo Casas destacando su origen fluvial con colores en la gama del azul y verde y una apariencia rústica, pero moderna con esculturas del artista Aldo Chaparro.  

Foto: Karla Campos/ Miriam Rivera

En medio de este restaurante con techos altos, los comensales sentirán una vibra familiar y confortable, como en casa de los abuelos. Es fácil entender porqué su momento más popular son los brunch del domingo y su esencia de sentarse a compartir.

Nosotros tuvimos la oportunidad de degustar su menú vespertino, con una cena agradable y llena de anécdotas de viaje. Comenzamos con un ceviche de chicharrón regio, al estilo chicharra yucateca. Si bien uno espera frescura al pedir este platillo costero, el chicharrón le da un toque chujiente y lleno de sabor.

Foto: Karla Campos/ Miriam Rivera
Foto: Karla Campos/ Miriam Rivera

Para compartir, seguimos con unos tacos de suadero confitado con salsa Chimalistac, que recibe su nombre en honor a una colonia de la zona de San Ángel y traducido del nahualt significa “lugar de los escudos blancos” 

Foto: Karla Campos/ Miriam Rivera
Foto: Karla Campos/ Miriam Rivera

La influencia yucateca del chef Espinosa, quien vivió y cocinó por un tiempo en la Península, se pone en manifiesto en platillos como el Chamorro estofado con jugo de cochinita pibil, salsa de habanero, cebollas encurtidas y tortillas. Un platillo para taquear. 

Foto: Karla Campos/ Miriam Rivera
Foto: Karla Campos/ Miriam Rivera

Finalmente, luego de compartir un Asado de picaña con pork belly laminado, decidimos cerrar la noche con un postre (en realidad dos, ¡nadie puede resistirse al dulce!). Los elegidos fueron una Rebanada de pastel de queso, aceite de limón y fresas maceradas y unos Duraznos a las brasas con crema ácida y sorbete de durazno.

Foto: Karla Campos/ Miriam Rivera

Como sucede en lugares dónde el ambiente es relajado, seguimos con la sobremesa y aunque ese día no habían los ingredientes para un carajillo, nos ofrecieron una dulce alternativa y el carajillo de mazapán fue un dulce final.

Foto: Karla Campos/ Miriam Rivera

Su menú no busca ser complicado, es una oda al lugar que lo rodea, su historia y la experiencia misma del chef que nos propone un viaje gastronómico íntimo y de una belleza en el entorno. 

Dónde: Museo del Carmen 4, San Ángel, Álvaro Obregón, 01000 Ciudad de México, CDMX

Foto: Karla Campos/ Miriam Rivera

Precio: $$

Las entradas van entre los $145 y $185 pesos

Los intermedios se hallan en $230 y $240 pesos

Los platos fuertes oscilan entre $280 y $420 pesos (la mayoría se pueden compartir y cuentan con opción vegetariana)

Los postres están en un rango de $140 a $175 pesos.

TipFinal: Cuenta con una barra de cócteles y bebidas, ¡pidan recomendaciones! los sorprenderán.

Foto: Karla Campos/ Miriam Rivera