Por: Leticia Rodríguez Martínez
Motivos para viajar sobran y uno de ellos para mí, ha sido el futbol. Recientemente no veo muchos partidos porque mis actividades se han multiplicado y mis prioridades han cambiado, pero recuerdo con mucho agrado que tuve una racha futbolera que duró varios años; veía todos los partidos posibles de la liga nacional y de otros países, también todos los programas deportivos, repeticiones de las jugadas y tenía una libreta donde anotaba con plumas de colores, todas las estadísticas de goles, penales, tarjetas amarillas y rojas de cada jornada. Después, cuando comencé a viajar, si el tiempo y el espacio lo permitían, me lanzaba a conocer los estadios de futbol. Aquí te cuento cómo es que conocí algunos.
Estadio Santiago Bernabéu

Uno de los lugares que visité en Madrid fue el estadio Santiago Bernabéu, donde juega el Real Madrid, equipo con bastante arraigo en México. Había visto decenas de partidos de los merengues, conocía sobre sus múltiples campeonatos y tenía mucha curiosidad de saber cómo era el estadio de los llamados, en ese tiempo: Galácticos. Era finales de diciembre y no había juegos así que compré mi entrada al tour del estadio donde te dan un recorrido por las gradas, palcos de prensa y el túnel que llega hasta la cancha; pasar por ahí me erizó la piel tan sólo de imaginar el recorrido de los jugadores al cruzarlo antes de iniciar el juego. Me senté en las bancas de local y visitante, tomé varias fotos y caminé hacia el tiro de esquina, me agaché fingiendo que me estaba acomodando el zapato y ¡arranqué un poco de pasto! Me lo llevé de recuerdo, jajaja… Ahora que lo pienso me divertí mucho, fue una gran anécdota. En la sala de trofeos tienen decenas de copas de campeonatos de la liga española, liga de campeones, balones y botines de oro, debo confesar que sentí un gran orgullo al ver la foto del pentapichichi Hugo Sánchez con la bandera de México.
Camp Nou

Cuando viví en Barcelona mi tiempo transcurría entre clases y trabajos escolares, pero siempre estuvo en mi mente que en la primera oportunidad visitaría el Camp Nou, a pesar de que vivía en la ciudad Condal, no era tan fácil conseguir entradas para algún partido. Mi primer acercamiento fue en el tour del estadio; caminé por las gradas, palcos, vestuarios, el emocionante túnel y las bancas, salas de trofeos y la megatienda de mercancía oficial. En esos tiempos el Barça ganaba de todo: la Liga, la Champions, Super Copa y todo lo que se podía ganar, era ese equipo histórico con Rafa Márquez, Samuel Eto’o, Ronaldinho, Xavi, Iniesta, Puyol y un Messi de 18 añitos, comandados por el neerlandés Frank Rijkaard. Cada vez que ganaba el Barcelona, Las Ramblas se inundaban de fanáticos coreando ¡Visca Barça y Visca Catalunya! Mis compañeros de la universidad y yo nos uníamos a la multitud como un culé más, celebrando el triunfo del equipo blaugrana, caminando detrás del autobús descapotado, saludando al equipo y coreando canticos en catalán. Un buen día busqué una entrada para el derbi español, tenía que vivirlo al menos una vez antes de regresar a casa; se trataba de un pase de socio y lo estaban ofertando por internet, contacté al chico, intercambiamos números de teléfono y me indicó que me esperaría en uno de los accesos al estadio; estaba que no cabía de la felicidad, se lo conté a mis compañeros de piso y me acompañaron para verificar que no fuera una estafa, intercambié el dinero por el pase y ya estaba ahí dentro esperando el silbatazo inicial. Al ingresar me dieron rectángulos de papel de color azul y rojo con las indicaciones de que al iniciar el himno del Barça debía extender el pliego para que se formara la bandera blaugrana en las gradas. Fue impresionante escuchar a cientos de personas coreando el himno del Barça al unísono. ¿Cómo quedó el marcador? Empate a uno, pero fue una experiencia que jamás olvidaré y cada vez que escucho esa primera estrofa: Tot el camp, és un clam… no puedo evitar sonreír.
Estadio Anfield en Liverpool

Mi gusto por la música me llevó a conocer Liverpool, es una encantadora ciudad con buena vibra, pan recién horneado, momentos claves en la historia mundial y una arquitectura bellísima. Estando en Anfield conocí un triste relato referente al futbol inglés. En 1989 el Liverpool jugó una semifinal en Sheffield, se reunieron miles de aficionados, tantos que se formó una avalancha al abrir las puertas para el ingreso al estadio. Desgraciadamente 96 aficionados del Liverpool perdieron la vida, entre ellos niños y jóvenes. Fuera del estadio de Anfield se ubica un memorial con dos placas donde se pueden leer los nombres de todos ellos, en 2021 se agregó el nombre de un chico que permaneció con daño cerebral durante 32 años tras la tragedia, sumando así 97 víctimas. Cada año como homenaje, en la torre de la estación Radio City 96.7 FM, se encienden los números 9 y 7; en el centro de Liverpool se ubica una escultura con los nombres de todos, y en el museo de la ciudad se puede escuchar el himno de los “Reds” que te recuerda caminar con esperanza en el corazón y nunca caminarás solo: “You’ll Never Walk Alone”.

Stamford Bridge

Una de mis ciudades favoritas es Londres y uno de mis equipos favoritos del futbol es el Chelsea. Fue un tour elegido a conciencia y no una casualidad, tenía destinada una mañana para visitar Stamford Bridge. Desde que llegas a la estación del metro te reciben las imágenes de los jugadores en las puertas y todas las flechas azules te indican el camino para ingresar a la casa de los blues. Justo fuera del estadio está la Shed Wall, es una pared del antiguo estadio de 1905, la cual funciona como bienvenida para exhibir las fotos de las leyendas del equipo. El estadio estaba planeado para 100 mil espectadores, actualmente sólo tiene capacidad para 40 mil, es de los más pequeños de Europa. Me sorprendió que el tour por el estadio es muy popular, se forman grupos de 40 personas y tiene una duración de una hora, es el único equipo europeo que puede presumir de poseer todos los trofeos de competencias continentales. Después del tour, di un paseo por el barrio y almorcé por ahí para continuar con mi visita a la ciudad.

Allianz Arena

Mi historia con el Allianz Arena es breve. Mi destino principal era Füssen, al sur de Alemania, pero la logística me llevó a Múnich. Estando ahí y después de hacer el necesario tour por la ciudad, la curiosidad rodeó mi cabeza y me fui a conocer el estadio tan famoso que se iluminaba y cambiaba de color. Del centro de Múnich al estadio hice alrededor de 40 minutos en metro, pues está ubicado en un lugar despoblado. Llegando a la parada final me bajé y todavía tenía que hacer una caminata de 10 minutos aproximadamente, la verdad ya me estaba arrepintiendo, la lluvia amenazaba y mis vacaciones apenas iniciaban. Al acercarme comenzó el espectáculo de luces y colores —es lo que deseaba ver— me tomé varias fotos, ingresé a la tienda de mercancía oficial, que estaba a punto de cerrar, compré un llavero y regresé casi corriendo al metro por que la lluvia comenzó a caer, la aventura en Baviera apenas comenzaba.
El futbol es cultura. Refleja el sentir, la pasión y la identidad de una sociedad; es una forma de expresión, por eso hablando de futbol, seguiré yendo a estadios cuando tenga oportunidad, porque para mí es otra manera de conocer el lugar al que viajo.




































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