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Un regreso dramático

Salir con mi papá a dónde sea y con quién sea siempre implica tres cuestiones: Perderse, Que el coche falle, Las dos anteriores.

Salir con mi papá a dónde sea y con quién sea siempre implica tres cuestiones:
Perderse,
Que el coche falle,
Las dos anteriores.

Francamente siempre ha sido así y seguirá siendo. Historias, tengo decenas pero me decidí por una algo dramática por todo el estrés que representó el regresar a casa.

Semana de Pascua del 2000: teníamos un coche algo viejito era un rambler really del ’75, grandote, muy pero muy pesado y bastante complicado de manejar. Contamos con un pequeño remolque que pesa 2.5 toneladas, pero vacío, ni imaginar lo que pesa con todo lo que le metemos: maletas, 2 casas de campaña de las antiguas (y pesadísimas), latería, garrafón de agua de 40 litros, tanque de gas de 8 litros, etc., etc., etc. En esta ocasión visitamos Veracruz.

Todo el viaje estuvo relativamente bien; de ida mi hermano vio el anuncio del sitio arqueológico “Tajín” y se tomó la decisión de visitarlo de regreso al Estado de México, para “hacer tiempo”, ya que sólo mi papá puede manejar el coche con semejante peso, y no quería cruzar la Sierra de Puebla con el sol en la cara y detrás de tráileres.

Y así fue, como al medio día llegamos al sitio. Lo recorrimos todo, literalmente nos tuvieron que correr del lugar. Ya de salida, prácticamente no quedaba nadie ya que pasaban de las 5:00 de la tarde y así sin más, notamos una mancha voraz en el pavimento, ¿qué la ocasionó? Una fuga del tanque de agua del coche, casi nada. ¿Habría alguna refaccionaria abierta? Para nada. Lo bueno es que mi papá con complejo de ‘Ciro Peraloca’ trae de todo en la cajuela, literalmente. Entre los tiliches encontró algo de ‘plastiloca’.

¿Recuerdan esas caricaturas en las que de repente se va la luz del día y cae la noche? Pues sí, es real, así pasa en provincia. Así que había que aluzar a duras penas con una lámpara de mecánico. Tardó  alrededor de una hora la “reparación” del tanque, ya que simplemente era un parchecito de ‘plastiloca’ más improvisado que otra cosa. La parte amable: mi papá no viajaría con la luz del sol en la cara ya que eran casi las 7:00 y aún con horario de invierno: oscuro, oscuro.

Mientras él reparaba y mi hermano le ayudaba, nos mandaron a mi mamá y a mí a conseguir todos los botes posibles y llenarlos con agua, ya que seguiría saliendo agua, así que cada vez que el termómetro avanzaba a la zona roja habría que pararse a enfriar el vehículo; además de eso súmenle la Sierra. Cada parada consistía en aproximadamente 25 min., además de detenerse en cada gasolinera a llenar los botes. Regularmente de Coacalco a Veracruz hacemos 5 ¾   horas porque no tomamos autopista. Pero con esas paradas fue mucho más. Para aligerar el trayecto se optó por sí tomar un tramo de autopista completamente recta, de madrugada, cansancio, y dos dormidotas en la parte de atrás, y pues sí, volanteó dos veces mi papá; y  en la segunda sentíamos que nos volteábamos, ahí ambas despertamos.

¡Ah!, pero eso no es todo, existía otro problema: cuando entramos al Estado de México ya era jueves, y el coche no circulaba el jueves. Así que teníamos con pocas horas para terminar de llegar y dejar el coche en la calle es practicamente todo un desafío: las dimensiones y el vandalismo.

Además de que no se podía acelerar más allá de 60, porque la velocidad y el peso apresuraban el incremento de temperatura y el riesgo de correr un accidente. Como no siendo eso suficiente, la entrada al fraccionamiento está de subida, bastante empinada; y hay que llegar hasta allá, ya que hay otras ‘entradas’  pero son estrechas y no alcanzaría la vuelta para pasar. Además de eso, desde que nos incorporamos a la Vía José López Portillo prácticamente todos los semáforos nos tocaron en rojo y ni soñar pasarse alguno ya que había exceso de vigilancia por ser vacaciones; así que el trayecto cada vez se nos hacía más y más eterno y angustioso ya que la multa sería doble, ya que ambos vehículos portan placa. Ir avanzando entre los municipios y emocionarnos cada vez que veníamos alguno de Coacalco; al fin, llegamos a Coacalco, que bien, ¡vivimos hasta el otro extremo, pegadito a Ecatepec! Ya ni queríamos ver el reloj porque sentíamos que avanzaba de 5 en 5 o más rápido.

Vimos la entrada al fraccionamiento, empezó la subida mega lenta, creo que mi tortuguita la subiría más rápido, ¡uf pasó lo peor!, ¡qué emoción!, pues ni tanto, hay 2 vías para llegar a dónde es mi casa y la corta estaba en reparación. La larga con camionetas de tránsito a cada 250 metros, y faltando un suspiro para que fueran las 5:00. Sudando en frio le ‘hablábamos al coche’ para que resistiera, que ya estábamos en el “ranchito”; otro poquito más y llegamos: abrimos la puerta de la casa a las 4:57.

Sí, ¡lo lograron! El coche, mi papá  y mi hermano, ya que ambos ni durmieron.

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Comentarios

alanxelmundo

3 Comentarios

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  • jajaja.. lo se, esos viajes en auto son estresantes!! mi familia y yo viajamos casi cada año de Reynosa al DF y aunque se mandaba la camioneta al taller para que todo quedara bien, siempre se descomponia algo, aunque llevamos la guia roji, siempre nos perdiamos en algun punto y en dos ocasiones casi caemos a un barranco jejeje.. pero lo bueno es que siempre llegamos a nuestro destino

    Me gustan mucho tus videos y el blog, saludos =)

  • Hola Itzi…

    Efectivamente esta historia no es de Alan, sino mía… y sí fue un mega estres regresar a casa pero es divertido recordarlo y compartirlo con ustedes 🙂

    Saludos.