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Un lugar donde las flores vuelan

Visitar la Reserva de Biosfera de la Mariposa Monarca es una experiencia única, una explosión de vida que te atrapa y te hace mirar al cielo.

Por Oliver Romo Miranda

Visitar la Reserva de Biosfera de la Mariposa Monarca es una experiencia única, una explosión de vida que te atrapa y te hace mirar al cielo.

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Localizado a unos 100 kilómetros de la Ciudad de México, este sitio alberga cada año a millones y millones de mariposas monarca que vuelan desde amplias áreas de Canadá y Estados Unidos a México, lo que constituye el fenómeno de migración animal más espectacular y enigmático de nuestro planeta.

La Reserva de Biosfera de la Mariposa Monarca se encuentra entre los límites del Estado de México y Michoacán, y desde el 2008 forma parte de la Lista del Patrimonio Mundial por la UNESCO. Por razones de cercanía y seguridad recomiendo ir a los santuarios localizados en el Estado de México; yo fui al santuario “Piedra Herrada”, llamado así porque sus pobladores aseguran la existencia de una gran piedra en la que parece formarse una herradura de caballo.

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Para ingresar debes pagar $50 pesos ($35 los niños), en donde los propios ejidatarios te asignarán un guía sin costo extra. Si llevas coche, el estacionamiento te costará $10 pesos; ahí mismo encontrarás servicios de alimentos, souvenirs, caballos de alquiler, pero recomiendo subir a pie porque vas descubriendo como aumenta el número de mariposas y disfrutarás del paisaje y olor de los oyameles, pinos y encinos, entre otras especies. Es recomendable subir entre las 9 y 10 de la mañana porque tendrás el plus de ver el rocío del bosque brillar enormemente con la luz del Sol.

¡Durante tu ascenso no dejarás de voltear al cielo! En el Santuario de la Mariposa Monarca tu vista se irá acostumbrando a escudriñar entre un cielo limpio a estos seres que pesan menos de un gramo (si quisieras “un kilo” de mariposas monarca, tendrías que perseguir a más de 2000 de ellas…-¡no lo hagas! -).

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Pronto verás un sin número de mariposas monarca que abren su vuelo o se encuentran formando enormes racimos anaranjados con negro y vivos en blanco sobre las ramas de los árboles que se dejan vencer por el peso de miles y miles de ellas. Su danza aérea te hará perder la noción del tiempo.

Para disfrutar más de ello te recomiendo llevar tiempo, respirar y mirar con detenimiento el rededor de la Reserva; conéctate con el verdor, los ruidos y murmullos de los árboles, mira los demás insectos y las aves, siente el aroma de esa tierra color chocolate.

Para llegar desde la ciudad de Toluca hay que tomar la carretera hacia Temascaltepec y tomar la desviación hacia Valle de Bravo, en unos 20 minutos llegarás al paraje Piedra Herrada. Como toda migración, ésta llega a su fin en el santuario a mediados de marzo, así que aprovecha aprovecha que todavía quedan unas cuantas semanas.

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Como siempre en estos viajes es recomendable llevar ropa gruesa y botas de montaña, ya que si bien no es muy frío, sí puedes resfriarte si no vas suficientemente abrigado. No tomes fotografías con flash ni hagas ruido, así escucharás el aleteo de estas flores que vuelan con belleza y fortaleza en nuestro planeta.

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