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Saliendo de mi zona de confort

Mi nombre es Lynette Olivares y tengo 19 años. A mis 18 años mis papás me dieron la oportunidad de estudiar un semestre en el extranjero por parte del Tec de Monterrey como estudiante de prepa. ¿El destino? Barcelona.

Autora: Lynette Olivares

@LynOlivares_

Mi nombre es Lynette Olivares y tengo 19 años. A mis 18 años mis papás me dieron la oportunidad de estudiar un semestre en el extranjero por parte del Tec de Monterrey como estudiante de prepa. ¿El destino? Barcelona.

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 Así, después de un montón de papeleo y trámites estaba en el Aeropuerto de la Ciudad de México despidiéndome de mi familia, mi novio, mis amigos, mi zona de confort para subir a un avión y llegar a una nueva vida.

Debo reconocer que cuando estaba sentada en el avión lloré inconsolablemente porque moría de nervios y sabia que iba a extrañar todo lo que estaba dejando. Después de un vuelo de 9 horas hacia París me encontré con 16 personas más que al igual que yo estaban por vivir una de las mejores experiencias de su vida. Después de 6 horas de espera en el aeropuerto y dos horas a Barcelona llegamos a nuestro destino.

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Llegando a la Estación de Sants todo el grupo de Barcelona nos reunimos con nuestros padres españoles que iban a cuidar de nosotros en los siguientes 4 meses.

Mi madre andaluz, como le gustaba decirse, era una viejita que vivía sola en un bonito departamento en la zona alta de Barcelona. Ximena la cual fue mi hermana por esos 4 meses y yo teníamos un cuarto del tamaño de mi baño en México. (No tanto pero si era bastante pequeño para lo que Xime y yo estábamos acostumbradas).

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No tengo palabras para expresar lo emocionante que fui vivir esos 4 meses en Barcelona, aunque sea una ciudad pequeña es fácil de conocer y la magia de esa ciudad nunca se va. A donde quiera que volteara había arte, GaudíMiró, todo era arte y todo era mágico.

Siempre disfrutaba comer hot-dogs en el puerto mientras veía a las gaviotas o los barquitos, caminar por el Paseo de Gracia y admirar la Pedrera, ver los pequeñitos restaurants en las plazas o comer pollo con patatas en Café Larée que estaba frente a mi escuela (recomiendo muchísimo ese lugar, los que atienden son personas hermosas y la comida es riquísima). Mis lugares preferidos eran la Villa Olimpica, perfecta para estar una tarde en la playa, las escaleras del MNAC, caminar y llegar hasta el mirador de Montjuic, correr en el Parque de la Ciudadela (sólo caminaba, nunca corrí) y encontrar tonterías en las tienditas de Las Ramblas.

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Poco a poco me fui dando cuenta que comprendía el catalán, que las personas que estaban viviendo conmigo día a día se estaban volviendo mis hermanos, que mi país (México) es hermoso.  La cultura catalana me abrazaba día a día, pude presenciar la Diada o la fiesta de Catalunya que se celebra todos los años el 11 de septiembre conmemorando la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas al mando del duque de Berwick durante la Guerra de Sucesión Española. Ese día hubo fiesta toda la gente estaba con sus banderas catalanas, letreros que decían “Catalunya NO es España” Y aparte de todo lo mejor fue ver una cadena humana por todo Catalunya. Yo estuve presente en el tramo 336 pero fue impactante ese sentimiento de pertenencia y nacionalismo hacia Catalunya.

A pesar de que tuve momentos malos como tener salmonela, o sinusitis y tener un home-sick por lo mismo de estar sola en un lugar desconocido, el haberme ido es una decisión de la cual nunca me voy a arrepentir.

Después de casi un mes de haber estado ahí no olvido la cálida bienvenida que Barcelona me dio. Gracias papá, mamá por esta experiencia. Gracias Ma. Dolores, Paul, Carla, Pepa, Andreii, Silvia, Joaquina, Dieguito, Roy, Jaquy, Marisol, Isa, Lety, Marielita, Ana Villareal, Ana Pau, Isela, Erick, Xime, Isela, gracias por haber compartido esta experiencia.

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