Por: @monytodoterreno
“Lo que no puede expresarse con palabras se expresa con música.”
— Frase atribuida a Frédéric Chopin
Este texto es la segunda parte de mi aventura para ver por una última vez a Bad Bunny en el DTMF Tour.

Esta fue la primera vez que visité Varsovia. Llegué en avión sola (a mi amiga quedé de verla en el hotel donde nos hospedaríamos). Para bajar debía esperar al personal de asistencia y, mientras esperaba con un poco de impaciencia porque me andaba del baño, no podía creer lo que vi por la ventana.
Uno de los chicos que estaban descargando las maletas, a pesar de la etiqueta de “entregar en cabina” que tenía mi silla, la ignoró y la subió bruscamente a uno de los carritos donde transportan las maletas. Tal cual, la aventó encima.
Eso era un error que me iba a tomar mucho tiempo solucionar. Sin pensarlo mucho, rápido le dije al sobrecargo lo que acababa de ver y que yo necesitaba mi silla en la puerta del avión, no en la banda de equipaje.
Afortunadamente, él entendió la gravedad del asunto y actuó rápidamente: abrió la puerta trasera del avión y le gritó al chico en polaco que bajara la silla y la entregaran en la puerta del avión.
Me sentí sumamente aliviada y agradecida por lo rápido que actuó el sobrecargo. Además de orgullosa de mí por estar atenta y “al tiro” (como decimos en mi barrio) de mi silla. La asistencia llegó, la silla estaba esperando en la puerta y pude ir al baño.

Justo afuera del aeropuerto compré un ticket para el autobús que necesitaba. En ese momento no sabía si iba a funcionar subir con la silla y sí: el chofer bajó a poner la rampa y pude trasladarme súper bien por la ciudad en el autobús.

En nuestro primer día fuimos a un concierto de piano al aire libre. Este evento es parte del programa “Chopin bajo el sauce”.
Los conciertos gratuitos son cada domingo (a las 12:00 y a las 16:00 h) bajo el monumento dedicado al compositor. Yo estaba muy cansada de estar sentada, así que disfruté al doble poder estar ahí acostada en el pasto, escuchando la música.

Al siguiente día visitamos el Polin Museum of the History of Polish Jews.

Sus galerías documentan y celebran los mil años de historia de la comunidad judía en Polonia que, en su momento, fue la comunidad judía más grande del mundo, y que fue casi completamente destruida durante el Holocausto.

Las personas con discapacidad comprobable entran gratis. El museo también tiene un restaurante con excelente comida típica de Polonia. Ahí comimos unos deliciosos pierogis, que son uno de los platos más típicos de la cocina polaca. Son un tipo de dumplings de pasta con forma semicircular que suelen estar rellenos de queso, papas, col, cebollas, carne o huevo duro y tienen alguna similitud con los ravioli.
La forma en que los sirven puede variar. Ahí los sirvieron con crema agria, grosella fresca, mermelada de arándanos, láminas de queso y cebolla frita.

Visitar ese museo fue impresionante. No se lo pueden perder si visitan la ciudad.

Más tarde cenamos con amigos y anduvimos por el centro y el Palacio de Cultura y Ciencia.

En nuestro último día nos esperaba el concierto. Para llegar al estadio PGE Narodowy tomamos Uber, sobre todo porque no sabíamos bien si el metro iba a funcionar y porque también queríamos llegar con tiempo.

Cuando llegué me impresionó el lugar, además de que la ubicación de la zona para personas con discapacidad tenía una vista sorprendente, pueden ver algunos videos en mi Instagram @monytodoterreno. Ha sido, sin duda, uno de los mejores conciertos y recintos en los que he estado. Y sí, sin duda me gustaría regresar.

De regreso al hotel, ya con más calma, usamos el metro. Había mucha gente que salía del concierto y me dio un poquito de nervios porque el espacio entre el andén y el vagón es enorme. Realmente, hubiese sido imposible subir yo sola. Unos muchachos que hablaban español y que también venían del concierto dijeron: “Ahorita entre todos”, y rápido pusieron la rampa y pude subir.

Unas estaciones después llegó una mujer que trabaja en el metro y se encargó de poner la rampa para que yo bajara. No entendí muy bien si había un sistema o una forma de avisarles con tiempo para este servicio y, además, era complicado por el idioma. Pero como la rampa está ahí mismo, los chicos, muy amables, me pudieron apoyar.
La música fue el motor de estos viajes y cuando veo las fotos me pongo muy feliz porque me recuerda lo genial que la pasé. Supongo que de eso se trata la accesibilidad: que me ocupe más de pasarla bien en vez de preocuparme por la movilidad.
Gracias a mi amiga Stephanie por las impresiones que tomaste con tu cámara y porque, en tu compañía, me sale natural ser yo misma, fue genial vivir esta experiencia juntas.





































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