Colaboraciones

Estocolmo sobre ruedas

A veces, cuando veo los videos y fotos que hago durante mis vacaciones, pienso que la vida me puso en una silla de ruedas y me dio un cuerpo chiquito porque uno completo sería demasiado para el ambiente.

Me tomé unos de mis últimos días de vacaciones en el trabajo para ir a ver a Bad Bunny en Estocolmo y Varsovia. Como las fechas eran seguidas, el plan tenía que ser exacto. Mi esposo estaba sorprendido de cómo logré encajar mis vacaciones, cada vuelo, las conexiones y los hoteles para los conciertos. Él no podía venir aconmigo por trabajo y, aunque lo quiero mucho y me sentí triste al principio, después, me sentí un poco aliviada: cuando viajas sola puedes acomodar todo como tú quieras. A él le gusta viajar con más calma, despertar tarde, etc. A mí también la mayoría de veces, pero para la misión de dos conciertos seguidos en diferentes ciudades, eso simplemente no se podía.

El primer concierto fue en Estocolmo. Para llegar ahí tenía una conexión nocturna en Helsinki, así que me quedé a dormir en el Hilton del aeropuerto, había opciones más baratas, pero con la silla de ruedas la accesibilidad y comodidad no son una opción, además como trabajo en la cadena de hoteles tuve descuento. Solo me dio tiempo de bañarme y dormir porque mi vuelo a Estocolmo era a las 7 a.m.

Me gusta estar al menos una hora antes en la sala de abordar para que, con tiempo, el personal de la aerolínea pueda llamar por segunda vez a la asistencia que trae la silla pasajera con la que me ayudan a llegar a mi asiento. He aprendido que si no digo nada, se les puede olvidar o simplemente no saben qué hacer, y ya me ha tocado ver vuelos retrasados por estar esperando a la asistencia. Toca presionar amablemente: llegar con tiempo y hablar. No garantiza que lleguen a tiempo, pero sí ayuda.

Ya en Estocolmo también me alojé en el aeropuerto, y fue la mejor opción porque mi siguiente vuelo era muy temprano. Ahí mismo hay una estación para acceder al tren: salía del hotel y ya estaba en el transporte público. Se tiene que pagar una estación “extra” correspondiente al área del aeropuerto. El boleto no es barato: pagué 18 euros (355 MXN) del aeropuerto al centro, pero sigue siendo más económico que Uber o taxi.

El metro (Stockholms Tunnelbana) es una atracción en sí mismo: es conocida como la galería de arte más larga del mundo, con estaciones decoradas con esculturas, mosaicos y pinturas.

Eso sí, el aeropuerto está lejos, así que hay que considerar al menos una hora de traslado. Fui muy feliz porque es posible usarlo con silla de ruedas. Lo único a considerar es que el espacio entre el metro y el andén es bastante grande y no hay rampas automáticas. Para mí fue posible, pero sí andaba nerviosa en algunos momentos por no saber si iba a poder bajar en la estación correcta. No da mucho tiempo para dudar, así que pedía apoyo a otros pasajeros cuando lo necesitaba.

El concierto fue en el Strawberry Arena. Con mi identificación como Persona con Discapacidad conseguí dos boletos: uno para mí y el de acompañante/asistente fue gratis (esto depende del recinto). Invité a una amiga que vive en la ciudad y, está de más decirlo, disfrutamos muchísimo el concierto. El área asignada para sillas de ruedas tenía muy buena visibilidad (no como en el estadio de Lisboa) y teníamos La Casita súper cerquita, tengo videos de la zona y el concierto en mi instagram @monytodoterreno.

Nos salimos dos canciones antes del final para evitar la multitud, porque mi amiga está embarazada y yo, que regresaba sola, no quería perder el metro.

Al siguiente día mi vuelo era por la noche, así que hice checkout, dejé mis cosas en recepción y me fui al Benito Weekend que organizaron en King’s Garden. El ambiente estaba buenísimo y me quedé más tiempo del planeado. Después salí a explorar la ciudad y visitar el Vasa Museum. La mayor atracción es el Vasa, un barco de guerra impresionantemente grande. El museo presenta la historia del barco desde su construcción y esculturas, cómo vivían los trabajadores, su hundimiento y el rescate y restauración. Ese museo merece su propio texto, que dejaré para otro momento.

Moverme por la ciudad funcionó relativamente bien con la silla de ruedas. Solo en el mero centro conocida como Gamal stan, donde conservan los suelos viejos de piedra, fue difícil moverme. Pero lo recomiendo porque lo poco que vi, esa zona tiene magia propia con calles estrechas, tienditas y restaurantes.

Mi parte favorita fue pasear por la orilla del canal Strommen que proviene en parte del mar Báltico.

Por la tarde-noche regresé al aeropuerto. No me quedan muchos días de vacaciones este año, pero Estocolmo es una ciudad a la que me encantaría regresar porque me faltaron cosas imperdibles como el Museo Nacional, el museo de ABBA y comer en el Östermalms Food Hall. Aún no supero que fui a Estocolmo y no comí sus famosas albóndigas suecas.

Ya sin más horas, tuve que regresar al aeropuerto, recogí mis cosas en el hotel y tomé el vuelo de conexión con escala de una noche en Helsinki. Por ahora lo dejo hasta aquí; en mi siguiente colaboración les cuento cómo fue visitar Varsovia en silla de ruedas y el tremendo concierto que se aventó Benito en el PGE Narodowy.