Colaboraciones

Rodando por Bogotá

“Latinoamerica: un pueblo sin piernas, pero que camina.”
Calle 13

 

Antes de comenzar a describir mi aventura por Bogotá, me gustaría preguntarte: ¿alguna vez en tu vida has utilizado una silla de ruedas? ¿Convives en tu día a día con alguien que utilice una? Antes de que pienses que este escrito va a ser un texto motivacional, te digo que no, la intención de escribir esto nace de la necesidad de acercar a las personas a la discapacidad, de crear consciencia de la importancia de la inclusión, para que sepan que sí, una persona ciega podrá no ver, pero sí puede observar, alguien sordo podrá no oír, pero sí escuchar y una persona sin pies puede andar, sobretodo cuando el entorno es inclusivo.

Bogotá es una ciudad cuyos esfuerzos por la inclusión de personas con discapacidad comienzan a hacerse notorios, fue bonito poder disfrutar de la Atenas de Sudamérica.

El primer lugar que visité fue el museo de Botero, la entrada principal tiene escalones, pero las trabajadoras me dieron indicaciones de entrar por la plazoleta MAMU, a un costado en donde hay rampa.

En el folleto podrás encontrar una guía de las exposiciones que puedes visitar si utilizas silla de ruedas ya que algunas son en plata alta y no hay elevador.

En el museo hay obras de otros artistas famosos como Picasso, pero en su mayoría son donaciones de Fernando Botero.

Un lugar que tenía muchas ganas de conocer fue el cerro de Monserrate, no tenía ni idea de cómo era el lugar o si era accesible, en su página de internet no encontré mucha información , así que decidí ir, dos amigos escucharon durante el desayuno que iba a acudir al lugar y uno de ellos me dijo “no debes ir sola” (como es alguien que conoce como soy de necia, pero también independiente, lo escuché) me dijo que ya había subido algún tiempo atrás y que era posible recorrer el lugar en silla de ruedas, pero no sería fácil.

Subí en compañía de mis dos amigos y les agradezco mucho, pues en efecto a pesar de que el teleférico y tranvía son aptos para subir en silla, ya estando arriba las pendientes son muy pronunciadas, sin la ayuda de ellos dos, yo sola no lo hubiese logrado.

La vista desde el cerro Monserrate es inigualable, en la parte de hasta arriba se encuentra la parroquia, para acceder hay un escalón y no hay rampa, también a un costado puedes comprar souvenirs en un pequeño mercado. Voy comenzando a usar mis prótesis, me puse de pie en el borde del mirador, me sentí muy feliz y afortunada de contar con la oportunidad y amigos de vivir esa experiencia.

Días después quedaba poco tiempo, pero no quería perder oportunidad de comer en Andrés Carne de Res, en mi estancia allá fue mi cumpleaños número 28 y decidí que qué mejor forma de celebrarlo que con una rica cena y tragos en Andrés D.C. Mi amiga Dani que vive en la ciudad, me recomendó probar el mandarino que es una bebida muy rica de jugo de mandarina con Vodka en hielo, me encantó el ambiente y el lugar, con buen espacio para bailar sobre ruedas.

Me faltaron muchos lugares por visitar en Bogotá, pero no podía irme sin conocer el Museo del Oro el cual es muy accesible, tiene salas sensoriales que estoy segura personas que no pueden ver disfrutarían mucho y es visitado por personas de todas las edades, en mi visita pude ver grupos de niños de escuelas primarias encantados de escuchar las increíbles anécdotas de los jóvenes guías del Museo. Considero que la historia de Colombia y Bogotá que muestra el lugar es importante y que podría mejorar mucho en cuanto a lo que ofrecería a personas ciegas o sordas con audios y textos en braille.

Bogotá lo agrego a la lista de ciudades que son posibles visitar sobre ruedas, es un lugar lleno de alegría, color y sabor, dándome cuenta que el impulso a conocer nuevos lugares me lo dan las manos, la pintura, la historia, los pies que me prestan otras personas y el corazón.

 

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