Colaboraciones

Preparémonos para recibir el 2021

“En algún lugar, algo increíble está esperando ser conocido” Carl Sagan

En este escrito quiero invitarte a despedir el 2020 escribiendo una carta, ya sé que podrá sonar a ritual espiritual, pero no tiene nada que ver con religión o alienación de chakras (aunque no tengo nada en contra de esas prácticas, no se trata de ello). Antes de que lo dudes, permíteme contarte porque creo que escribir una carta puede ayudarnos a iniciar el año que tanto anhelamos.

Cuando tenía 6 años me diagnosticaron Encondromatosis múltiple, es una enfermedad que causa tumores en los huesos, para tratar de mejorar mis piernas pasé por varias cirugías, pero a los 8 años me informaron que me debían amputar la pierna izquierda, la enfermedad había deshecho casi en su totalidad el hueso y temían que se propagara hacia la cadera. 

La mañana de la cirugía me indicaron que me metiera a bañar muy temprano, me dieron una bata y me dijeron que no comiera nada. Mamá estuvo esperando conmigo, cuando faltaba poco tiempo ella puso su mano sobre mi pierna, aún recuerdo el calor de su mano y me preguntó “¿ya te despediste de ella?”. Mi respuesta fue automática y rápida “sí”, pero en el fondo sentía algo que en ese momento no comprendía, dentro de mí en esos momentos sentí frustración, pensé “ay mi mamá, ¿cómo me voy a despedir de mi pierna?”. Al poco tiempo me llevaron una pastilla pequeña para disminuir la ansiedad antes de la cirugía y comenzaba mi traslado al quirófano, recuerdo que ahí ya estaba sola, mi mamá no podía ingresar, en el pasillo la enfermera me dijo, “vas a esperar aquí  Mon, ¿cómo te sientes?” Le dije que tenía mucho frío y puso sobre mí una sábana que emanaba calor. 

Unos minutos después otro enfermero me llevó al quirófano y me trasladaron de camilla, se escuchaba música al fondo y un médico comenzó a platicar conmigo, me preguntó si ya había visto la película de 101 dálmatas, le dije que sí, después me dijo “contemos juntos a los perritos de la película del uno al diez, no te preocupes que todo el tiempo vamos a estar aquí contigo Mónica, 1, 2, puso la mascarilla con oxígeno en mi cara y un aire frío con olor a anestesia me golpeó como tormenta en la nariz, comencé a gritar, escuché el 3, 4 y 5o perrito ya no apareció. Al despertar una enfermera estaba conmigo, me preguntó cómo me sentía, le dije que tenía sed, “no te puedo dar agua, pero ¿quieres una paleta? Me metí a la boca la paleta de cajeta que me dio y me volví a dormir.

Me mantuvieron sedada por el dolor uno o dos días, a veces despertaba porque tenía sed, veía la cara de mi papá un poco triste, cansado, pero sonriente y me volvía a dormir, al despertar ahora veía a mamá, me daba un poco de comida y me volvía a dormir.

Cuando por fin me recuperé después de 3 meses de hospitalización pude ir a casa. A los 11 años me amputaron la segunda pierna, esa vez me recuperé súper rápido y a los pocos días ya estaba en casa. 

Cuando ya no tuve mis piernas descubrí otro mundo, fue como un boom en mi vida, pues ya recuperada me movía a donde quería en la silla de ruedas, de aquí para allá, ya no tenía dolor por el frío, ya no tenía que cuidarme las heridas por miedo a que se me infectaran, etc. Fui feliz porque me había liberado del dolor (físico) sin embargo, cuando comencé a crecer a veces no me sentía a gusto conmigo misma, en el hospital me dieron mis primeras prótesis, recuerdo que me enojaba cuando las usaba, lloraba porque es muy difícil, me veía al espejo y sentía que no era yo, pasada la adolescencia comencé a acudir a terapia psicológica, pues ahora experimentaba sufrimiento (sentimiento, interpretación de la mente ante el dolor) y la psicóloga me dijo: Escribe una carta, no me dio instrucciones, solo me dijo eso.

En esa primera carta que escribí, primero hablé conmigo misma cuando estaba pequeña, le expliqué lo que había pasado y lo que vendría después, le dije que entendía bien cómo se sentía, que incluso se sentía mal por enojarse con mamá, pero solo es porque no comprendía lo que pasaba, pero que estaba bien, que mamá ni nadie la iba a dejar de querer por enojarse, también le hablé a mis piernas, básicamente me despedí de ellas y este es el punto principal que quiero compartirte, mi mamá muy sabía me había indicado que era necesaria una despedida, aunque cuando estaba pequeña no sabía cómo y no me sentía lista, lo había postergado hasta que era más grande, lo postergué porque las despedidas duelen y los humanos somos expertos en huirle al dolor, nos cubrimos de distracciones y podemos evadirlo por muchos años.

Poco a poco a partir de esa carta se fueron desbloqueando recuerdos, sentimientos, yo me imagino que funcionó como lo dice una propiedad  física “la impenetrabilidad es la resistencia que opone un cuerpo a ser traspasado. Ningún cuerpo puede ocupar al mismo tiempo el lugar de otro”, si bien mis piernas ya no estaban físicamente, aún estaban en mi corazón, no quiero decir que ya no están, solo que limpié el sufrimiento  que me causó su pérdida e hice espacio para aceptar las nuevas piernas que se manifestaron como un cambio.

El cambio nos empuja a darle cara a todo eso que no nos deja disfrutar del presente. Por eso a veces no podemos estar en paz con una pareja, con la familia, con nosotros mismos, con la vida en general. Podemos estar de viaje y aunque nos distraigamos yendo a la playa, bebiendo con los amigos, subiendo fotos a Instagram, a veces se vuelve a  presentar el sentimiento porque no importa a dónde vayas, llevas contigo lo que eres, puedes estar en el país que tanto has soñado conocer y no ser feliz.

Si bien escribir una carta no te va a cambiar la vida de un día para otro, nos puede ayudar a aclarar la mente y ordenar las emociones. Si en determinado punto sientes que requieres apoyo psicológico o hablar con alguien, no dudes en buscar apoyo (al final del escrito podrás encontrar la página de internet con información).

Antes de concluir, déjame compartirte otra forma de ver la redacción de una carta: 

En Nepal se encontraba un maestro budista y su alumno.

Gran Maestro -dijo el alumno-, he venido desde muy lejos para aprender de ti. Durante muchos años he estudiado con todos los iluminados, gurús del mundo y todos han dejado mucha sabiduría en mí. Ahora creo que tú eres el único que puede completar mi búsqueda. Enséñame, Maestro, todo lo que me falta saber.

El sabio le dijo que tendría mucho gusto en mostrarle todo lo que sabía, pero que antes de empezar quería invitarlo con un té.

El alumno se sentó junto al Maestro mientras él se acercaba a una pequeña mesita y tomaba de ella una taza llena de té y una tetera.

El Maestro alcanzó la taza al alumno y cuando éste la tuvo en sus manos empezó a servir más té en la taza que no tardó en derramarse.

El alumno con la taza entre las manos intentó advertir al anfitrión: – Maestro, Maestro. Éste como si no entendiera el reclamo siguió vertiendo té, que después de llenar la taza y el plato empezó a caer sobre la alfombra. – Maestro –gritó ahora el alumno-, deja ya de echar té en mi taza. ¿No puedes ver que ya está llena? 

El sabio dejó de echar té y le dijo al discípulo: – Ves, hasta que no seas capaz de vaciar tu taza no podrás poner más té en ella. –

Hay que vaciarse para poder llenarse. Una taza, dice Krishnamurti, sólo sirve cuando está vacía. No sirve una taza llena, no hay nada que se pueda agregar en ella.

Manteniendo la taza siempre llena ni siquiera puedo dar, porque dar significa haber aprendido a vaciar la taza.

Parece obvio que para dar tengo que explorar el soltar, el desapego, porque también hay una pérdida cuando decido dar de lo mío. Para crecer entonces, voy a tener que admitir el vacío.

Fragmento del libro: El camino de las lágrimas.

Escribamos una carta para vaciarnos y reconciliarnos, también para agradecer y recordar, me parece acertado que ante el cierre de un año con tantas pérdidas y cambios es buen momento para sentarnos a poner los sentimientos sobre la mesa, observarlos, mirarlos, conocerlos, platicar con ellos, ponerles palabras para hacer las paces, agradecerles o despedirlos. Aquí puedes encontrar una pequeña guía de cómo empezar si nunca has escrito una carta así antes. 

Que el 2021 nos traiga salud, compañía (de familia y amistades) estabilidad económica y muchos viajes, escribamos para que nosotros nos encontremos vacíos como una taza para recibirlo con alegría y apreciación.

Línea de atención psicológica de la UNAM: https://www.fundacionunam.org.mx/unam-al-dia/conoce-la-linea-de-atencion-psicologica-de-la-unam/

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Mónica Montoya

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