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Colaboraciones

GUATEMALA: joya maya entre la naturaleza y las ruinas

A pesar de que los países de Centroamérica están a unas horas de México, visitarlos no es tan común como debería de ser. 

Sí, digo “debería de ser” porque al no viajar hacia allá nos estamos perdiendo de conocer ciudades y personas que son una joya que viven rodeadas de volcanes, ruinas de edificaciones prehispánicas, coloniales y una naturaleza sobrecogedora. 

Un ejemplo de esto es Guatemala; visitar la tierra cuyo ave nacional es un quetzal, es una experiencia inmersiva en la que la naturaleza se mezcla con la historia del arribo de los españoles y la vibrante cultura maya. 

Uno de los descubrimientos más lindos que experimenté fue el darme cuenta que sólo en la Ciudad de Guatemala se habla español de forma cotidiana, en todas las otras localidades que visitamos primero se escucha alguna de las 22 lenguas mayas antes que el español. 

Con genuina sorpresa, vi cómo es posible que en un país convivan de forma orgánica sus ruinas del barroco español, sus volcanes, lagos y montañas con la fortaleza de una cultura que se niega a quedar en libros de historia y que sus sus habitantes vivan fuertemente sus raíces. Aquí, lo tradicional es parte de una civilización maya, pero contemporánea.

Desde la Ciudad de Guatemala nos trasladamos a la Antigua Guatemala. El nombre puede ser confuso, pero la historia es la siguiente: Antigua, como se le conoce hoy en día, fue la capital del país por más de 200 años. Después de una serie de terremotos, los españoles decidieron abandonarla y construir la actual Ciudad de Guatemala.

El traslado de la capital fue un evento desafortunado y afortunado al mismo tiempo, ya que dejó a Antigua parcialmente abandonada cerca de 200 años y gracias a ello podemos conocerla como hoy la vemos: con el pavimento empedrado original, con el techo de tejas, los monasterios, conventos, iglesias y casas de arquitectura barroca en condiciones mágicas. Por su belleza e importancia, en los 70’s la UNESCO la nombró Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Se siente muy especial estar frente a esas edificaciones donde el tiempo y la naturaleza pasaron.

Aprovechando la cercanía, fuimos a conocer y hacer un hike al volcán activo Pacaya, uno de los 37 volcanes que tiene Guatemala. Nunca había caminado sobre lava ni comido malvaviscos calientes por el calor de las rocas… Poder vivirlo fue único. 

Después de visitar todas las ruinas y pasear por Antigua colonial, visitamos Chichicastenango, un sitio que me recomendaron mis amigos de Guate y artículos turísticos. Al principio no entendía el porqué de su sugerencia, ya que está muy en lo alto de la montaña, todas las calles suben o bajan y no había algo muy “llamativo”. 

Pero la duda me duró poco tiempo. Visité el Calvario y la Iglesia Santo Tomás, la primera iglesia que he visto que tiene tanto práctica católica como maya; en su interior hay altares mayas y espacios para los rezos o las ofrendas. 

Al impresionante Centro Ceremonial Pascual Abaj, acudí con mucho respeto y cumpliendo el subir una montaña –para que las plegarias y ofrendas lleguen más rápido a dios–. Había gente tan en sintonía con su espiritualidad que algunos parecían en trance, otros estaban haciendo ofrendas al Abuelo Fuego –cada quien a su fuego– acompañados siempre por chamanes de alto rango, que de vez en cuando fumaban puros hechos de tabaco para ahuyentar a malos espíritus o para curar. 

En el cementerio, que es muy colorido y especial, hay espacio para que los locales realicen sus ceremonias. Cuando estábamos ahí, había personas realizando una y desde lo lejos pudimos oler el copal o, como le dicen en Guate, el “pom”.

Todo Guatemala está en la montaña. Subimos a lo que algunos turistas llaman “Indian Nose” pero los locales nos dijeron que su nombre es “Rostro Maya”; nuestro guía de montaña me contó muchas cosas, entre ellas que su abuelo era un Chamán muy respetado y que su padre aún realiza algunos ritos tradicionales. 

Al preguntarle si él seguiría sus pasos, me contestó que no, porque no creía poseer ese regalo o poder divino. Yo le dije que quizás aún no lo ha encontrado, pero quizá está dentro de él esperando a ser descubierto. Sonrió y reímos un poco los dos; a pesar de que él hablaba poco español la comunicación nunca se vio limitada. Después de verlo subir, no me queda duda de que viene de una cultura extraordinaria.

Bajamos hasta el Lago Atitlán y me hizo imaginar cómo era la vida en épocas antiguas, viviendo alrededor del lago, frío en invierno y rodeado de los volcanes y montañas, cosechando, así como lo vimos, café, frutas, flores y maíz… Eso sí, maíz por todos lados, en cualquier lugar, al lado de una casa, en la carretera, en el camino, en la montaña, en cada rincón. 

Ahora tengo muchas ganas de viajar a la Riviera Maya, Quintana Roo, Yucatán o Chiapas para conocer más de fondo la cultura maya pero de México y ver las diferencias entre la sociedad de Guate y la nuestra. 

Por Karen Huber,

Galerista y promotora cultural

@karenhuber_

Fotografías cortesía de Karen Huber

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Karen Huber

¡Hola, soy Karen Huber!

Mi pasión más grande es el arte, la naturaleza, la arquitectura, conocer gente, viajar, comer bien, practicar senderismo, estar con la gente que quiero y hacer ejercicio.

Desde 2014 dirijo mi galería, que promueve el trabajo de artistas contemporáneos que utilizan la pintura como medio de expresión.
Soy parte de la asociación civil “gama” con la que buscamos fortalecer la actividad de las galerías de la CDMX. En 2020 fundé un proyecto llamado “PERSONA on paper” que trata de una plataforma online en la que trabajamos con artistas y creativos para vender y promover prints de ediciones limitadas.

Mi carrera profesional ha sido un viaje en sí misma. Cada experiencia me ha dejado aprendizajes inolvidables.

Ahí donde exista belleza, iré.

¡Espero que disfrutes de mis colaboraciones!
Para conocer más sobre mí, escríbeme en @karenhuber_

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