Colaboraciones

En el mar la vida es más sabrosa

Por: Grace Navarro

Mi hijo y yo nos fuimos la semana pasada a Ixtapa Zihuatanejo, fue de esos viajes que solo dejan aprendizaje. Yo digo que los viajes con nuestros hijos son para crear lazos, para que conozcan de otras culturas, otras maneras de ver la vida, sean más empáticos, pero sobre todo porque son un aprendizaje constante, siempre te dan herramientas de vida y en esta ocasión aprendimos de valentía.

Si van a Ixtapa hay de todo, una gastronomía increíble, y muchas actividades. Empezamos nuestro día haciendo un tour en bicicleta, que atraviesa la reserva ecológica del Parque Aztlán, la ciclopista recorre más de 20 kilómetros, nosotros solo hicimos 4km, pero mi hijo aguantó perfecto y quedó admirado al ver cocodrilos, tejones, garzas, etc. Es un gran recorrido y hay guías en los hoteles de la zona que te acompañan en la ruta.

Al día siguiente nos fuimos a Barra de Potosí, salimos tempranísimo para llegar al amanecer y poder conocer esta comunidad fundada por pescadores (de 600 habitantes aproximadamente) que ahora se dedican a la pesca y al ecoturismo. 

Ahí pueden visitar los manglares (justo donde se juntan agua dulce con salada) y el mar; este paseo vale toda la pena, los pescadores los pueden acompañar a pescar o hacer un recorrido donde podrán disfrutar de la fauna marina, avistamiento de aves, ver ballenas jorobadas, delfines y más. 

Después de recorrer los manglares visitamos la bufadora Los Morros, está como a 20 minutos de Barra de Potosí en lancha; son varias formaciones rocosas en medio del mar y el lugar perfecto para hacer buceo, a nosotros nos tocó el mar un poco picado, pero aún así tuvimos la oportunidad de meternos un rato a hacer snorkel. Una maravilla.

Después nos sentamos en un restaurante local (una palapa llamada La Enramada) donde nos sirvieron de comer pescadillas, camarones al coco (que amé) y filete de pescado. Comida de la pesca del día y hecha por los locales.

Otro ´must´gastronómico es visitar el famoso restaurante Carmelitas, si quieren probar comida típica de la zona tienen que ir a este lugar; desayunamos burritos de requesón, gorditas de chicharrón, el típico relleno de puerco y un delicioso tamal Nejo, que nunca había probado, se hace con ceniza y maíz, envuelto en hoja de plátano; para chuparse los dedos.

El último día lo tomamos para hacer algo diferente. Todo empezó normal, un paseo en Catamarán, cantando, tomando el sol y platicando, un rato de snorkel para descubrir la fauna marina, y al final, hicimos Spinnaker flying, ¿Conocen? Trata de balancearse en el aire con una de las velas del Catamarán, todo depende de que tanto sople el viento para terminar columpiandote en el aire como pluma ligera de un lado a otro hasta caer de nuevo en el agua (la vela es manejada por los tripulantes del Catamarán) una experiencia emocionante y divertida. Adrenalina a tope.

Lo que me sorprendió fue la capacidad de mi hijo de aventurarse a hacerlo, definitivamente el aprendizaje de este viaje: animarse, experimentar y ser valiente. Sacó un diez porque en todo participó y disfrutó muchísimo.

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Grace Navarro

Fotografa, viajera y mamá muegano.
Nací en Mexicali, donde el sol te quema la piel y la gente te abraza con su calor humano. Un impulso me trajo a la CDMX y muchos otros me han mantenido en esta ciudad. Si me preguntas dónde he trabajado te diré que en periódicos, revistas y editoriales, que me han pagado por tomar fotos, que he viajado y conocido lugares increíbles, y que he conocido a gente excepcional. La verdad es que la fotografía cambió mi vida y eso es lo que soy, simplemente una fotógrafa.

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