Colaboraciones

Riyadh, el lugar que quisiera visitar en el futuro

Visitar Arabia Saudita fue una experiencia sin precedentes, al momento de hacer la maleta debí contemplar que la vestimenta de las mujeres es muy diferente al que acostumbramos en occidente, empaqué básicamente prendas de manga larga y pañuelos (bufandas) que me servirían para cubrirme la cabeza al llegar, el código de vestimenta para las mujeres es estar cubiertas de pies a cabeza estrictamente, sin utilizar ropa pegada, como turistas esta regla no es tan estricta pues las musulmanas sí deben de hacerlo en todo momento, no llegué a ver a ninguna mujer con falda corta o mostrando los hombros. Para los hombres solo se hace énfasis en que no deben utilizar shorts y de preferencia camisas o playeras con mangas. También es importante no utilizar playeras o cualquier prenda con estampados religiosos o lenguaje ofensivo.

Después de Arabia mi plan es pasar la Navidad y Año Nuevo en Viena, así que me disponía llevar regalos de México para amigos de allá, entre ellos iban botellas de mezcal que se tuvieron que quedar en México, pues en Saudí es seriamente penado el alcohol, no hay forma de conseguirlo dentro del país. Algunos jóvenes locales decían entre rumores que no falta mucho para que se legalice el consumo de alcohol, sin embargo, aún no hay nada certero con respecto al tema.

Con salida en mi bella Ciudad de México, la aventura comenzó, pasé por dos vuelos de conexión uno en Houston y el otro en Istambul, después de 24 horas y media de viaje a la una de la mañana por fin llegué a Riyadh, donde un clima cálido y seco me recibieron. 

Los días siguientes al iniciar el plan por conocer la ciudad me encontré con ciertas restricciones, la primera y más importante para mi fue que no hay accesibilidad para personas con discapacidad, me resultó intrigante este punto pues antes del viaje leí en dos artículos que mencionaban grandes esfuerzos en esta área, además de que estando allá llegué a ver a un número considerable de personas en silla de ruedas. No es nula la atención, sin embargo ha sido el lugar más complicado en el que he estado. La segunda restricción es que el ambiente en las calles es complicado para las mujeres y extranjeros, pues es muy importante como visitantes respetar la cultura del lugar al que vamos. En Arabia las mujeres no pueden salir sin permiso o compañía de un hombre. Los puntos anteriores, sumado a la poca información de lugares por visitar (y cómo llegar a ellos) dificultaron un poco mi experiencia.

Aún así fue una experiencia única y enriquecedora, pues considero una fortuna poder conocer la esencia de un lugar antes de que el mundo globalizado que traerá el turismo, peerme las cualidades de un lugar.

La primera impresión de la ciudad fue estar es una de las películas de Star Wars, sobre todo por la arquitectura única y futurista de los edificios, quedé maravillada de los rascacielos, monumentales infraestructuras.

El primer lugar que conocí fue el Skybridge en Kingdom Centre, una de las construcciones más altas del país, su ingreso es por el centro comercial y se asciende a través de dos elevadores, el primero llega al piso 77 donde se debe tomar otro para llegar al piso 99, hay quienes dicen que no tiene ese número de pisos, pero no encontré forma de comprobarlo. Una peculiaridad es que al no ser aún un lugar muy turístico, la experiencia fue sencillamente espectacular, sin tiendas de souvenirs, ni personal guía. La entrada al público en general cuesta 60 SR (Riyal saudí) que son 16 USD, aproximadamente $311 pesos mexicanos, las personas con discapacidad y su acompañante no pagan.

La mayor parte del tiempo la pasamos en Winter Wonderland, una de las atracciones organizadas por Riyadh Season cuyas atracciones forman parte de las estrategias del país por atraer al turismo. En la ciudad el entretenimiento es muy escaso, por lo que este tipo de mezcla entre parque de diversiones y espectáculos son muy llamativos para los residentes y visitantes. La noche del jueves 14 de noviembre el cielo se llenó de luces por fuegos artificiales que salían de los rascacielos, el ambiente estaba lleno de sonrisas y una diversión que se disfrutaba con tranquilidad, nosotros vivimos esto desde el área de comida en donde un chico estaba haciendo burbujas gigantes, niños y adultos estaban maravillados con todo esto, me llegué a preguntar el qué hace diferente el que los niños de esa ciudad se encontrarán tan felices con el espectáculo de burbujas, fuegos artificiales y música y yo creo que es que en occidente tendemos a estar rodeados a sobre estímulos, no digo que sea algo generalizado o un norma, pero a mi parecer cada vez está más difícil que tanto niños como adultos nos dejemos sorprender.

Conocer el desierto es otra de las experiencias que no te debes perder al ir a Arabia, sin embargo, no resulta tan fácil, yo por el motivo de la silla de ruedas (también porque no me quise exponer a algún riesgo en el camino) decidí no acudir, pero mis amigos lo hicieron y les encantó. Me dijeron que no hay una estructura de viaje, algún tour o plan qué seguir, pero consiguieron rentar motos con personas locales y rodaron por las arenas rojas. Hay algunos lugares en los que aún no se permite la entrada a turistas, la mayoría de ellos son centros religiosos a los cuales solo musulmanes pueden entrar.

Otro lugar a visitar en Riyadh es la fortaleza Masmak, construcción antigua de gran importancia en la historia de la ciudad, tampoco te puedes ir sin haber tenido una cena tradicional árabe o probado el café.

En mi intento por escribir sobre Arabia Saudita, busqué enfocarme en mi experiencia como viajera, estando en el país es imprescindible respetar las tradiciones y reglas que rigen, sin conocer cómo vive la gente de ahí, es muy fácil emitir juicios (sobre todo negativos), sin embargo, considero que el respeto es imprescindible para tener sociedades tolerantes, por lo que no entré, ni entraré en detalles con respecto a política y religión.

Por último, quiero mencionar que el gobierno tiene como visión un plan para que en el año 2030 lograr reducir la dependencia económica del petróleo, mejorando y diversificando sus servicios públicos, de salud, educación y turismo, por el potencial que tiene el país me encantaría regresar para ver si puedo encontrar un lugar inclusivo en general, sobre todo para las mujeres y personas con discapacidad.

Quiero agradecer enormemente a Sandra Valera por su apoyo y valiosa compañía en este viaje, “fuiste mi oasis personal en el desierto”.

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Mónica Montoya

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