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Las cascadas del Cora

Hace algunos años tuve la extraordinaria oportunidad de conocer un lugar que me fascinó, un lugar de esos que sólo viéndolo puedes creer, un sitio donde tu mente se puede perder.

Viajero: Ernesto Alonso López Barajas

Hace algunos años tuve la extraordinaria oportunidad de conocer un lugar que me fascinó, un lugar de esos que sólo viéndolo puedes creer, un sitio donde tu mente se puede perder, un espacio inmerso en la sierra del Nayar. Mi travesía comenzó en un mal día, una noche anterior había asistido a una reunión social, lo que fue en un principio unos tragos se convirtieron en una buena guarapeta, la desvelada, el tabaco y las pocas horas de sueños se combinaron en la parte trasera de una camioneta de redilas, justo sobre una carreta federal que nos llevaría de Tepic al poblado del Cora. Mi guía y chofer de la camioneta, nos condujo durante una eternidad (poco más de una hora) por caminos sinuosos entre curvas y brechas, hasta que por fin pudimos bajar y hacer contacto con la tierra. Intentando ponerme de pie sin perder el equilibrio y conteniendo las ganas de vomitar junto con los demás viajeros, mi sorpresa fue mayor al percatarme que el camino sinuoso aún no comenzaba, ahora el recorrido forzosamente tendría que ser a pie.

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Con sólo una botella de agua en la mochila, una gorra y mi cámara, emprendimos el recorrido el cual consistió en bajar, bajar y bajar por un tiempo prolongado, el contacto directo y la experiencia de insertarte en la sierra del Nayar es algo extraordinario, cuando por fin llegamos a nuestro destino lo cansado del recorrido valió la pena, nos topamos con la primer cascada no muy alta pero si de una gran belleza, con una fosa grande y lista para meternos en ella.

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Continuamos bajando un poco más y fue ahí donde vi la que sería mi cascada favorita, de belleza inigualable.

El poder meterte en estas aguas cristalinas, el estar en contacto con su vegetación, la limpieza de toda la zona en general, sin niños corriendo y gritando, hacen de las cascadas del Cora un destino sin precedentes.

Adentrándonos un poco más pude conocer fosas aún más grandes, cascadas de regular tamaño rodeadas de vegetación que crece entre las grandes rocas que flotan como testigos del paso del tiempo.

Y como todo por empezar termina, así también tuvimos que emprender el retorno, el cual me costó solo un poco más de 3 horas, llegué a la cima en calidad de bulto pero fue espectacular poder presenciar el morir del sol desde este maravilloso sitio.

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Fue el último viaje que pude compartir con mi guía que también resulta era uno de mis mejores amigos, el murió ese año y siempre le estaré agradecido por haberme dado la oportunidad de conocer las cascadas del Cora.

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