Colaboraciones

Descubriendo la Costa Brava en Cataluña

Lo bueno y sorprendente que puede llegar a ser no salir del país que habitas

Cuando cancelaron todos los viajes que teníamos planeados para este verano, y con el espíritu viajero a flote ya después de toda la cuarentena, realmente necesitaba calmarlo. De repente, a mi pareja se le ocurre la idea de irnos de camping a la Costa Brava. Y aquí, varias cosas:

La primera es “ir de camping”; una práctica que en España, o al menos en Cataluña muchas personas suelen optar. Ir en tu propio vehículo, llevar tu carpa, más conocida como tienda de campaña en este lado del mapa, e ir al camping, ese espacio en plena naturaleza, adecuado y preparado con servicios como baños, bar e incluso piscina. Al llegar te asignan una parcela de terreno y listo, momento para armar la carpa. Hay quienes llegan en Auto-Caravanas equipadas con toda clase de facilidades y confort para hacer la estancia más agradable. Aquí el alojamiento puede ser desde semanas/meses, hasta solo días o fines de semanas, como fue en nuestro caso. Es un ambiente relajado, donde respetas las demás parcelas y se vive un ambiente de comunidad donde incluso puedes compartir con tus “vecines”. Nosotras, además montamos las bicis al carro, ya les mostraré.

La segunda es “ir a la Costa Brava”. La primera pregunta fue: ¿A dónde vamos? Pues muy sencillo, desde Barcelona ciudad podemos desplazarnos entre 1,30 h hasta 3 h el punto más lejano, eligiendo cualquiera de los pueblos o algunos de los más apetecidos durante el verano por la belleza de sus paisajes. ¿Y por qué se llama Costa Brava? Se los cuento también; es una costa salvaje, de rocas y acantilados, llenos de vegetación, en donde a veces para llegar a la playa debes caminar y caminar en medio de la naturaleza durante 30 minutos y encontrar playas de agua cristalina para bucear o hacer snorkel, actividad número 1 para hacer allí. Porque si parece impresionante lo que ves por fuera, una vez pasas la barrera de la temperatura de sus frías aguas y te sumerges, descubres otro mundo, lleno de recovecos para entretenerse con la variedad de peces o cangrejos.

Así es. Un lugar que me fascinó y que está muy cerca de Barcelona. Lo bueno de esta costa es que abarca tooooodo el litoral, y es ideal para montar en bici por los paisajes y vistas que ofrece desde sus acantilados. Pero ojo, ¡no nos confiemos! Las cuestas y pendientes que hay son de otro nivel, así que sí, hay que tomárselo con calma, hay que buscar y elegir las rutas antes en Strava o Wikiloc para hacer una que corresponda con el nivel de preparación que tengan; mucha hidratación y protección solar. El esfuerzo será muy recompensado durante todo el camino, en donde el mar será su compañía.

Nada que envidiarle a las cristalinas aguas de las islas de Croacia, Grecia y Turquía. De ahí que su principal afluencia de turismo provenga de Reino Unido, Francia, Italia y Alemania. Pero en Latinoamérica esta costa no es muy conocida. Sospecho que algo tiene que ver sus elevados precios. Una noche en un hotel promedio en cualquiera de los pueblos de la Costa Brava en temporada alta ronda los 150€ en acomodación doble. Hay algunos pueblos con más demanda y por consecuencia, precios más elevados. Aunque les tengo algunos consejos para quienes tienen economía de mochilera como yo. 

Siendo la opción que teníamos para un verano de vuelos cancelados y ganas de saciar los meses que habíamos pasado en confinamiento, la Costa Brava nos pareció la mejor elección. Primero porque estábamos apoyando el turismo local, lo que teníamos cerca, que en muchas ocasiones tiende a ser infravalorado, y segundo porque Cataluña tiene mucho por descubrir, la cercanía de esta costa a Barcelona hizo que cada fin de semana nos escapáramos a explorar un pueblo diferente. Claramente la forma de hacerlo barato fue combinando diferentes formas de alojamiento. Cuando viajábamos alojándonos en hoteles los considerábamos “viajes de lujo”, así que disfrutábamos al máximo las comodidades que las instalaciones de los hoteles tenían para ofrecer, pero esto solo en dos ocasiones.

Para los demás fines de semana optábamos por el camping, desde 28€ la noche por parcela en donde según qué tamaño pueden poner su carpa y parquear el carro junto a esta o en un parking de la misma propiedad. Estos campings que les describo arriba, que tienen de todo, incluido wifi y restaurante. Para un fin de semana que se la van a pasar explorando los alrededores y solo parar por la noche a descansar de la aventura, un camping es más que suficiente. La mayoría de estos ofrecen también otras opciones de alojamiento diferentes a las parcelas, como mobile homes, que son cabañas con cocina, baño, sala-comedor y dos habitaciones. La forma de buscarlos es muy fácil, escriban camping en Google Maps y seleccionen la zona de la Costa Brava donde les gustaría alojarse, et voilà. 

Los pueblos más apetecidos varían según los gustos de cada persona, pero hay una tendencia un poco generalizada a considerar que entre más al norte es más bonito y más salvaje. La Costa Brava comienza en Blanes y termina en Port Bou, frontera con Francia. Aunque de especial mención y quedando a pocos kilómetros de aquí, está Cadaqués, que como dijo Salvador Dalí “es el pueblo más bonito del mundo.” Por algo tuvo su casa allí, ahora convertida en museo. Debo decir que si les gusta su obra, a escasos 33km de Cadaqués, en Figueres, está el museo de Dalí.

Mi última recomendación pero no menos importante es que lean el blog de Viajeros Callejeros que nos sirvió de guía para saber qué playas visitar. Imprescindible llevar snorkel en su equipaje y zapatos para el agua para caminar por las rocas, algunas de las calas son muy rocosas.

“Nunca pares de explorar, pues la vida da oportunidades para aquellos que buscan nuevos caminos”

 

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ColombianNomads

Somos una pareja de amigos, ex-esposos, amantes de la vida y de los viajes, disfrutamos el exterior tanto como nos gusta crecer en el interior. Procuramos un estilo de vida minimalista pero moderno y práctico. Amamos la naturaleza, la aventura, el deporte y la buena mesa.

Nos fuimos a darle la vuelta al mundo durante dos años, lo logramos trabajando como nómadas digitales y haciendo voluntariados en el camino. La ganancia, muchos amigos, lecciones y un cambio profundo en la manera de entender las cosas.

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