Por: Manuel Sebreros
Cumplir 40 años es un evento especial, digno de ser celebrado a lo grande y qué mejor manera que en un lugar mágico, lleno de una energía peculiar y que tiene varias características: es uno de los microestados de Europa, está en lo alto de un monte, tiene a la peor selección de futbol y es la república más antigua del mundo: San Marino.
Era octubre de 2024 y mi recorrido cumpleañero comenzó en la Emilia Romagna. Después de haber conocido Piacenza, el hermoso pueblo de Bobbio, Parma y el teatro Farnese (que espero ya haya podido conocer Alan Estrada), Módena, Bolonia, Ferrara y Ravena, y el destino final era San Marino.
¿Por qué elegir un micro país del que casi nadie habla para festejar una fecha tan especial? Cuando comencé a buscar videos e información para armar mi viaje, algo que aún no sé describir, tal vez una corazonada, me hizo planear que el 28 de octubre yo debía estar en San Marino.
Al llegar al Monte Titano todo es espectacular, la vista de todo el país se domina desde lo alto del centro histórico, y desde las primeras calles quedas cautivado: construcciones medievales, calles que suben y bajan, la modernidad de los artículos en venta (muchos muy baratos por ciertos beneficios hacendarios).
No se necesitan más de dos días para conocer todo San Marino, pero sí requieres de buena condición física y fuerza en las piernas para caminar por las empinadas calles.
Obligatorio es recorrer las tres torres, los museos, el palacio de gobierno, probar la pizza y el gelato, y si eres muy fan del futbol comprar algún souvenir de la Sanmarinetta y presumir que tienes una playera, short o bufanda de la peor selección de la FIFA, sin olvidar ir por tu sello turístico del país.
Pero lo mejor es la iglesia de San Marino, dedicada al fundador de este país que en el año 301 instauró la primera república del mundo y que durante el paso de los siglos ha perdurado, resistido guerras, invasiones y, más recientemente, una horrenda pandemia.
Hay dos iglesias que he visitado en mi vida y que me han marcado por la vibra que se siente en ellas, una es la Basílica de San Pedro en El Vaticano y la otra es esta de San Marino. El día que dejé este país fui a agradecer la posibilidad de estar ahí y fue como si algo divino me dijera “hey, existo, aunque no me veas, estoy y me sientes”. No sé explicar cómo, pero en ese momento pasé de no creer en nada divino a, por lo menos, sentir la necesidad de agradecer a la vida, dios, universo o lo que sea que haya, el haber podido estar ahí y lo que tengo cada día.
Mención aparte merece el recorrido de noche por sus calles llenas de neblina, si has jugado Silent Hill sentirás que en cualquier momento un monstruo te atacará; sin embargo, ese aire de suspenso y hasta cierto terrorcillo hace que la experiencia nocturna sanmarinense valga mucho la pena.
Y como la vida empieza a los 40, lo decía Carl Jung, definitivamente este fue el mejor cumpleaños que he tenido y espero algún día volver a San Marino.
Información para viajeros: La mejor manera para llegar a San Marino es desde Rimini (Italia), a dos cuadras de la estación de tren parte un autobús, hay diversas opciones de hospedaje, desde los de lujo hasta bed and breakfast (recomiendo el hotel della Rocca) y comida hay igual de varios presupuestos y para sobrevivir las caminatas hay un minimarket para comprar provisiones. En octubre hace mucho frío por las mañanas y noches y casi todo el día está templado.
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