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4 días en La Paz, una aventura mágica e inesperada

Pablo Gracidas (autor de este artículo) y Ernesto Jáuregui (guía local) desde el Mirador Playa Balandra, en La Paz, B.C.S.
Por: Pablo Gracidas

La mayoría de las ocasiones en las que se planifica un viaje hacia un lugar que se desconoce por completo y en el que solo se han logrado percepciones muy generales sobre el mismo, resulta muy sencillo idealizarlo y dar por hecho que solo se conocerán ciertas características como el clima, el platillo típico, el tipo de hotelería, etc.

Evidentemente es de gran utilidad conocerlo, ya que funge como un preámbulo de lo que se está por experimentar y de esta forma poder, con antelación, trazar algún tipo de itinerario que permita al viajero optimizar su tiempo.

¿Qué sucede cuando un viaje sobrepasa las expectativas proyectadas?

El presente reportaje es una experiencia vivencial en la ciudad de La Paz, capital del estado de Baja California Sur, dicha experiencia creó un gran impacto en la percepción que tenía previamente del destino, ya que, el único objetivo en un inicio era conocer la emblemática Playa Balandra.

Hongo de Balandra; emblemática formación rocosa.

El viaje se estructuró de tres noches y cuatro días, en los cuales se logró ser partícipe de experiencias que no estaban contempladas inicialmente.

Día 1

Llegada al destino y comenzar a empaparse de todo lo que conlleva el estar en un lugar anhelado. Para llegar a La Paz desde la Ciudad de México, es necesario tomar un vuelo, la duración aproximada es de dos horas.

A la llegada ya estaba listo el servicio de traslado contratado previamente. Se recomienda contratar el servicio de transportación una vez estando en el aeropuerto ya que el costo es más accesible (se cotizó el servicio de uber) que reservarlos en línea hasta en un 40%. La distancia para llegar a la zona hotelera desde el aeropuerto es de 35 minutos aproximadamente.

Previo a la llegada a La Paz, se estableció contacto con una persona que se convirtió en el elemento fundamental para que el viaje se convirtiera en esa experiencia fuera de lo planeado: Ernesto Jáuregui, quien con mucha amabilidad se desempeñó como un espléndido guía local.

Una vez que se realizó el check in en el hotel, la primera actividad fue disfrutar de la playa como primer encuentro con el Mar de Cortés. Posteriormente, llegada la tarde, inició la aventura con la primera actividad no planeada: el ascenso a los cerros para poder admirar las turquesas aguas de las principales playas del destino desde una perspectiva de altura.

El sendero tuvo una duración aproximada dos horas ya contemplando ida y vuelta desde el hotel, la duración del ascenso es de 40 minutos a un ritmo relajado. Cuando se está a esa altura, se pueden observar los contrastes del paisaje desértico con el mar. Un valor agregado es precisamente subir por la tarde para disfrutar así, de una majestuosa puesta de sol en donde el mar y el desierto son los invitados de honor.

Recomendaciones:
  • Tener espíritu de aventura
  • Llevar alguna bebida hidratante
  • Ropa cómoda
  • Tenis o calzado para senderismo
  • Cámara fotográfica
Día 2

Playa Balandra. Actualmente en tiempos de pandemia, Balandra mantiene un aforo limitado a 130 personas por día, por lo que la recomendación es llegar lo más temprano posible para poder entrar. En este viaje, se contrató el servicio de uber ($200 viaje sencillo) y el arribo fue a las 05:30 am. Ya había una fila interminable de autos esperando la apertura.

Si se es amante de la naturaleza y la tranquilidad, esta playa es ideal para el perfil ya que al momento de poner un pie en Balandra esa sensación incluso de misticismo, rodea el cuerpo de emociones equiparables a encontrarse consigo mismo. Es importante llevar alimentos y bebidas dado que en la zona no existen establecimientos pues se busca conservar el enfoque virgen de la playa.

La segunda actividad fuera del esquema, se suscitó al momento de estar cara a cara con las playas aledañas a Balandra, playas vírgenes ocultas entre los cerros y el desierto en donde la bienvenida es proporcionada por unos peculiares cangrejos desplazándose libremente por su territorio. Disfrutar el agua fresca, turquesa y verde del mar después de una caminata por el desierto a altas temperaturas, es reconfortante para el espíritu.

Para finalizar este día y como tercera actividad improvisada bastó con escalar el Cerro de la Calavera ubicado en la zona hotelera, denominado así, por la peculiar forma que presenta su estructura, que visto desde diversas perspectivas, luce precisamente como una calavera. La subida es sencilla, sin embargo se recomienda tener condición física ya que el terreno es quebrado y las piedras podrían ocasionar algún resbalón.

Puesta de sol desde el Cerro de la Calavera.

Ya en la cima, lo que sigue es quedarse sin mucho qué expresar con palabras, la panorámica de la ciudad con el mar como fondo e incluidas algunas embarcaciones genera una gran carga de energía positiva para regresar a descansar después de un día lleno de emociones.

Día 3

Dunas El Mogote. Desde las 5:30 am se emprendió la cuarta actividad esporádica para poder llegar a contemplar el amanecer desde las dunas de arena que también tienen como testigo de aventuras una inmensa playa grisácea y tranquila decorada vanidosamente con conchas y piedrecillas. Las mañanas son frías por lo que se recomienda al visitar la zona, llevar algún suéter ligero y alguna bebida caliente. En este caso, un té en termos fue el compañero de experiencia.

Playa El Mogote.
Sandboard en Dunas El Mogote.

Una vez los rayos de sol expuestos, se inició con el sandboard, un deporte extremo que consiste en hacer descensos rápidos sobre la arena sujetándose en una tabla parecida a la de surf. Esta experiencia dinámica se ejecutó con fortuna sin ningún tipo de incidente.

Posteriormente, la visita al manglar para contemplar la diversidad de especies de flora y fauna desérticas y acuáticas fue un deleite para concluir la ya soleada mañana. Caminar sobre el lodo, producto de la humedad cuando baja el nivel de agua, también fue una actividad lúdica que se acompañó de momentos muy divertidos.

Manglar El Mogote.
Caminando en el Manglar El Mogote.

Para finalizar el recorrido, fue necesario alejarse del manglar para poder entrar a otra playa ya con tonos turquesas y fina arena que envolvían el ambiente en una nostálgica despedida. Trepar una pequeña embarcación atracada y abandonada en la playa no resultó indiferente.

Amanecer en Playa El Mogote.
Día 4

Traslado al aeropuerto para abordar avión con destino a Ciudad de México.

Descrito el itinerario de viaje, no se deja lugar a duda de que la verdadera “magia” se puede crear muchas veces de forma inesperada. Se exhorta a todos aquellos viajeros, principalmente a los que tienen ese espíritu de aventura, a no dejar pasar las oportunidades, a tener siempre esa disposición para aprender, de romper esquemas y de verse inmersos en su totalidad en esa actividad que cualquier persona denomina viajar, pero que los más apasionados podemos llamar: “creación de sueños”.

No quiero cerrar este artículo sin agradecer profundamente la colaboración de mi ahora amigo Ernesto Jáuregui ya que sin su dirección, estas experiencias no hubiesen podido realizarse. La actitud cálida y hospitalaria como parte de su personalidad, creó la necesidad de repetir este viaje a futuro, posicionando una vez más la idea de que viajar es la mejor inversión.

Siempre he expresado que no importa si alguien no quiere aventurarse contigo, viajar en solitario es una oportunidad para hacer las paces con el yo interno y siempre existe la posibilidad de que alguien se incorpore a tu camino.

 

 

 

 

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