Llegar a la provincia de Jaén significa cruzar kilómetros de colinas cubiertas de olivos, uno de los paisajes agrícolas más extensos de España.
Justo en medio de ese paisaje, a solo diez kilómetros de distancia entre sí, se levantan Baeza y Úbeda. Ambas son Patrimonio Mundial, con calles y fachadas que conservan casi intacta la Andalucía del siglo XVI, rodeadas por los mismos olivares que sostienen buena parte de la economía de la región.

Baeza y el rastro de Machado
Caminar por Baeza es un ejercicio de observación. La Plaza de Santa María concentra el peso histórico de la ciudad con su Catedral construida sobre una antigua mezquita y la fachada gótica del Palacio de Jabalquinto. Sin embargo, la ciudad tiene un pulso melancólico que se entiende mejor siguiendo los pasos de Antonio Machado.

El poeta vivió aquí dando clases de francés a principios del siglo pasado. La ruta natural lleva al Paseo de las Murallas. Caminar por ahí al final de la tarde, junto al busto de Machado, ofrece una vista limpia del valle del Guadalquivir que explica perfectamente los versos que le dedicó a la región. Es el rincón ideal para practicar la contemplación.

La cata: cómo dejar de comprar aceite mediocre
El paisaje de Jaén produce buena parte del aceite que se consume en el mundo, así que pasar por aquí sin entender de olivos es un error de viaje. Reservamos una visita a Oleícola Jaén a través de Civitatis, y dentro de su bodega, El Templo, quedó claro cuánto desconocíamos sobre lo que tenemos en la cocina.

Durante la cata aprendimos la diferencia entre categorías: un Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) es zumo de aceituna extraído en frío, sin defectos de sabor u olor; un aceite que solo dice Virgen ya tiene pequeñas imperfecciones; y el aceite de oliva normal de supermercado es, en realidad, una mezcla de aceites de baja calidad, refinados químicamente y con un chorrito de virgen extra agregado al final solo para devolverles algo de color.

Alhambra de Granada: Una joya de la historia y arquitectura
Nos dieron a probar los tres, uno junto al otro, y la diferencia se nota de inmediato. Con copas rojas (para evitar que la vista nos jugara una trampa) aprendimos a identificar los olores y sabores que cada uno de los aceites aporta.


Jaén no es un productor cualquiera: es una de las provincias que más aceite aporta al consumo de toda Europa. La región entera vive, literalmente, de sus olivares.

En la tienda de Oleícola Jaén encontramos algo que no esperábamos: productos elaborados con aceite de oliva en vez de otras grasas, desde papas fritas hasta chocolate.

Úbeda: la monumentalidad en pocos pasos
A solo unos minutos en coche, Úbeda cambia el tono. Es una ciudad más palaciega y monumental. Pararse en el centro de la Plaza Vázquez de Molina intimida un poco por la escala de los edificios.

De un lado tienes la Sacra Capilla del Salvador, diseñada por Diego de Siloé y Andrés de Vandelvira, y del otro, la Basílica de Santa María y el Palacio Vázquez de Molina. Es un muestrario de la arquitectura civil y religiosa de la época de Carlos V, concentrado en unos cuantos metros.

Lo mejor es asimilarlo despacio antes de seguir caminando por la Calle Real hacia el Hospital de Santiago.
El arte de la sobremesa andaluza
Después de recorrer fachadas del siglo XVI, toca seguir la regla no escrita de Andalucía: la comida no se apresura. Caminando por la Plaza del Marqués nos sentamos en Don Angelo. Escapamos de los típicos lugares para turistas al ver una terraza llena de locales pidiendo platos al centro.

Es un restaurante familiar de cocina mediterránea e italiana donde las pizzas de masa muy fina son el pretexto perfecto para alargar la tarde. Pedimos una copa, compartimos las pizzas al centro de la mesa y dejamos pasar la tarde viendo a la gente cruzar la plaza.
La sobremesa en Don Angelo se sintió como el cierre correcto de la tarde en Úbeda.





































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